Categoría: Miradas aragonesas.
Dentro de unas horas se clausura la Expo-Zaragoza-2008. Han sido 93 días en los que la ciudad ha soñado.
Hace unos días entrevistaban en la radio a una señora muy mayor que, sentada en esa especie de banco-escultura de mosaicos que recuerdan al Gaudí del parque Güell o a los mosaicos romanos, confesaba al locutor que ya lo había visto todo, "maño".
- Entonces, ¿por qué sigue viniendo?
- Por ver a la gente, maño. Es que aquí todo el mundo es tan majo, todos tan sonrientes, nadie se enfada ni grita... Está todo tan limpio. Ni una colillica, maño.
Para muchos, el meandro de Ranillas, llamado recinto Expo, ha sido una especie de mundo fantástico, la ciudad irreal. Ayer sábado, casi 130.000 personas lo visitaron.
Y ahora que termina, que va a dejar a más de uno con lo que llaman depresión post-expo, sería interesante recordar cómo empezó esta aventura que ha transformado la ciudad y que ha dado a sus habitantes una inyección de autoestima que, francamente, necesitaba como el comer.
De los cinco millones y medio de personas que durante estos tres meses han recorrido las calles de Ranillas, asistido a los espectáculos o que han aguardado con más o menos paciencia las colas de los pabellones, muy poquitas saben que la idea surgió en la cocina de una gallega afincada en la capital aragonesa.
A finales de los años noventa, en la mesa de la cocina de la orensana María Milagros Rodríguez, ella y su marido, el arquitecto urbanista Carlos Miret, trataban de digerir una tragedia personal: la muerte de su hijo Lucas, de 19 años.
Estos próximos días se pretende rendir homenaje al joven Lucas Miret.
Lucas era uno de los tres hijos del matrimonio Miret. Padecía de hemofilia, igual que una parte de los hombres de la familia, y había sido contagiado de sida en un hospital de Zaragoza por una transfusión de sangre contaminada. Pocos años después, en 1996, murió.
"Tras la muerte de mi hijo, mi marido se hundió y como arquitecto se derrumbó -recuerda Milagros en La Voz de Galicia-. Soy psicoanalista y sé, porque lo oigo todos los días en la consulta, que si él se destruye se destruye todo a su alrededor, así que le propuse que hiciera algo por su hijo y por nuestras otras dos hijas, un reto, como subir el Everest."
En lugar de enfrascarse en una larga batalla de demandas judiciales que nunca le iban a devolver lo que ella quería, optó por la vía de "crear y construir".
Una noche, en torno a la cena, sugirió a su marido que pusiera en marcha una Expo en Zaragoza aprovechando el tirón de la candidatura de Juan Alberto Belloch a la alcaldía de la ciudad. "Pensé que él, siendo ministro y viniendo de Madrid, no querría ser menos que Maragall y sus olimpiadas o que el alcalde de Sevilla y su Expo".
Miret empezó a darle vueltas, a caminar por el pasillo, y cuenta Milagros que vio cómo se ilusionaba con el proyecto. Dijo inmediatamente que una Expo como la de Sevilla no era posible, pero sí una como la de Lisboa.
Carlos Miret puso en marcha en el verano de 1998, con gran esfuerzo e impulsado por la necesidad de salir adelante, esta idea que ahora está a punto de llegar a su fin.
"Toda la familia hemos salido adelante, seguimos trabajando y no nos hundimos, ni nosotros ni las dos hijas preciosas que tenemos", dice Milagros.
Ella y su marido, que comparten sus vidas desde los 17 años, tienen el registro de la propiedad intelectual de la Expo de Zaragoza, que cedieron a la ciudad por un euro.
"Yo dije que me conformaba con que un lago del recinto se llame Lucas", afirmaba medio en broma sin saber aún si podrá ver cumplido ese deseo.
Existe un blog homenaje a Lucas que todos los que hemos visitado la Expo deberíamos conocer.
Imágenes: Avenida 2008 de la Expo, ayer sábado día 13 de septiembre (El Periódico de Aragón). El arquitecto Carlos Miret ante el pabellón de España (La Voz de Galicia). Maqueta de la Expo (Blog de los Voluntarios).
Hace unos días, el contador de visitas de este blog pasó del número 100.000. Una cifra redonda y especial que me da pie para dar las gracias a todos aquellos que se acercan de manera habitual u ocasional a compartir estas miradas.
Creo que la mayoría de las personas que escribimos en un blog lo hacemos en primer lugar por el mero placer de escribir. Pero, lógicamente, que nos lean los demás -y si dejan comentarios, mejor- es la base de este sistema de comunicación.
Quiero agradeceros vuestras visitas con este vídeo de Amaral interpretando "Llegará la tormenta", que hace unos meses estrenaron a pie de calle en las aceras de la Plaza de España de Zaragoza ante los viandantes. Hoy, esta misma noche, a las nueve, actúan en el pabellón Príncipe Felipe dando el pistoletazo de salida a este proyecto tan ilusionante que es la Expo2008 que se inaugura mañana.
Que vivimos en un mundo extraño y hostil lo demuestran los pequeños detalles de la vida cotidiana.
Aunque no se lo crean, adoro a ese conductor que te acosa con su excesiva cercanía, que te saca el dedo corazón y te exige con la bocina que avances, ¡coño!, cuando toda la ciudad es un caos de obras, de lluvias, de saturación y de nervios.
La mala leche va dejando unos surcos en la expresión de los ciudadanos que ni la Corporación Dermoestética se atrevería a afrontar.
En Zaragoza, ya en vísperas de la Expo, todo empieza a ser demencial. Nos queda el consuelo de suponer que a partir del día 14 de junio todo será una fiesta y que después del 14 de septiembre la ciudad volverá a su calma habitual -esa ciudad demasiado grande para ser provinciana y demasiado pequeña para ser gran metrópoli-, pero con un adelanto de veinticinco años en infraestructuras. Supongo que lo notaremos en la vida cotidiana, aunque tengo mis reservas.
Pero, de repente, algo sobresalta el ánimo. Leo en la prensa que una batería de antimisiles protegerá la Expo. Y, dadas las circunstancias, no sólo se comprende sino que casi se agradece. Bueno, pateando la ciudad, la verdad es que no se comprende. Porque, en el fondo, es todo tan normal.
Hemos visto avanzar sobre el Ebro, casi milagrosamente por su complejidad, el Pabellón Puente de Zaha Hadid -¡ha pasado más de un año desde aquel post!-. La prensa local se encargó de relatar, día a día, esa interesante aventura de ingeniería.
Hemos visto crecer poco a poco la Torre del Agua, y surgir el puente del Tercer Milenio, tan raclamado por los ciudadanos desde hace años, tan imprescindible para la movilidad urbana.
Nuestros ojos están viendo nacer la Zaragoza del siglo XXI, como hace cien años la exposición hispano-francesa abrió las puertas del siglo XX. Aquélla conmemoraba el centenario de los sitios. Ésta -que surgió para conmemorar el bicentenario- se convierte en proyección de futuro.
Por eso me resulta todo tan normal y tan extraño a la vez. Normal en la percepción cotidiana de la realidad. Realidad extraña, al pensar que alguien ha pensado que pudiera alguien pensar en estrellar un avión sobre la Torre del Agua, o dejar una mochila-bomba en el Pabellón Puente o en el Acuario Fluvial, seguramente siempre lleno de escolares curiosos.
Pero, a la hora de la verdad, nada nos preocupa. Yo, personalmente, y entre otras cosas, estoy deseando contemplar in situ la escultura Splash, de 21 metros de altura, ubicada en el centro de la Torre del Agua, que representa la fuerza, la belleza y el dinamismo de una gota de agua impactando en una superficie. En el vídeo puede verse el proceso de creación de esta escultura.
Me gustaría creer que, para la humanidad, lo realmente importante es el impacto de una gota de agua. Y ningún impacto más.
No soy nada amante del fútbol, pero sí de las costumbres o de las tradiciones. Por eso no concibo un domingo por la tarde sin escuchar por algún lugar de la casa a Pepe Domingo Castaño animando el Carrusel Deportivo de la Cadena Ser. Los gritos, la algarabía, el buen humor, el pitido acuciante que anuncia gol, son sonidos que forman parte de nuestra vida. Y ayer no podía ser menos.
Mi Teo no ha levantado cabeza desde anoche, como mucha gente en esta ciudad, que se está poniendo tan guapa y quiere estar muy alegre para la Expo. Pero esta mañana, las caras de todo el mundo eran un auténtico poema.
Para mi Teo el drama es doble: murciano de nacimiento y zaragozano de adopción, sus dos equipos del alma han bajado a segunda. Tenía la esperanza de que el Zaragoza se mantuviera (aun con un milagro postrero) en la división de honor, de esa manera no tendría que ver su corazón partío cuando se enfrentan los dos equipos. La próxima temporada no sólo tendrá que continuar viéndolos jugar uno contra otro sino que, además, hacerlo en segunda.
Pero como a todo mal hay que buscarle un buen remedio, en Zaragoza ya lo hemos encontrado. Porque ha subido a la primera división un equipo por el que aquí se tiene un gran cariño: el Numancia. No es un equipo aragonés, pero la realidad es que sorianos y maños nos sentimos muy próximos, muy cercanos, muy hermanos. De hecho, el municipio que tiene mayor número de sorianos es precisamente Zaragoza, y, sin renunciar nunca a sus orígenes, han sabido involucrarse en la sociedad maña y formar parte muy activa de ella.
Así que, a falta de un equipo propio en primera división, muy probablemente ese siempre modesto Numancia va a ser nuestro gran equipo la próxima temporada.
Y, para que vean lo curiosa que es la vida, y las vueltas que da, lean el titular de esta noticia del 17 de abril de 2005.
Es una lástima que el Zaragoza haya descendido precisamente el año que se conmemora el bicentenario de los sitios. Una pena que el grito unánime "Zaragoza no se rinde", tomado de aquellos acontecimientos, no haya surtido efecto. Da rabia comprobar cómo sus jugadores no se impregnaron del espíritu numantino.
Felicidades, hermanos sorianos.
Siempre se ha dicho que, desde hace muchas décadas, quizás siglos, Zaragoza ha vivido y crecido de espaldas a su gran río, ese padre río que da nombre a toda la Península Ibérica. Quizás la responsabilidad de esa actitud la tengan las leyendas que sobre él se han mantenido a través de generaciones, alimentándose de otras nuevas con el paso de los años. Algunas muy recientes.
El Puente de Piedra es el más antiguo de los que unen las dos orillas. Gótico del siglo XV, ocupa el mismo lugar que un anterior puente romano. La historia de la ciudad, y la del mismo río con sus crecidas, obligaron a que sufriera numerosas remodelaciones.
La riada de 1643 provocó el desplome de las arcadas quinta y sexta, lo que se recoge en el cuadro de Velázquez y Mazo de 1647.
En julio de 1813, las tropas napoleónicas destruyeron la última arcada, junto al Arrabal, al abandonar la ciudad. Fue reparado para que Fernando VII pasara por el puente el 6 de abril de 1814. Podemos conocerlo mejor leyendo el breve artículo "Historia de un puente de piedra".
En la primera imagen pueden verse las Casas de Aduanas todavía habitables.
Chema G. Lera escribe sobre las leyendas del Ebro y de otros ríos:
Es lo habitual: fuentes, lagos y ríos fueron en la antigüedad objeto de adoración y de prácticas rituales asociadas a la fertilidad. Para nuestros antepasados -y todavía para algún coetáneo que mantiene viva la memoria legendaria- los cursos de agua están poblados de seres de otros mundos y deidades protectoras: ninfas, náyades, lamias o lainas, fadas y donas d'aigua, xanas...
Chema nos habla de un curioso denominador común en las leyendas sobre el Ebro: las historias de decapitados cuyas cabezas eran arrojadas a las aguas. Emeterio y Celedonio fueron mártires decapitados en Calahorra, sus cabezas fueron tiradas al río Ebro, flotaron hasta el mar, dieron la vuelta a la península, y aparecieron en la playa del Sardinero, en Santander, de donde son patrones. O San Lamberto, que cruzó él mismo el Ebro con su propia cabeza recién cortada sujeta bajo el brazo.
Pero, posiblemente, las mejores leyendas las encierra el temido pozo de San Lázaro.
Justo bajo la tercera arcada del Puente de Piedra se encuentra el pozo de San Lázaro, del que se dice que es un ojo de mar que llega hasta Tortosa, una infinita sima que se traga todo aquello que cae en él. Es un lugar recurrente para aquellas personas que decidieron, voluntariamente o llevadas por las circunstancias, poner fin a sus vidas. Es el caso de hace más de cien años de aquella pareja de enamorados que ante la negativa de los padres para casarse, ataron sus cuellos con un solo cachirulo y se lanzaron al pozo de San Lázaro para no ser vistos jamás. Sus cuerpos nunca fueron recuperados.
En octubre de 1975, deportistas de la Federación Aragonesa de Actividades Subacuáticas sumergieron en las profundidades del pozo una imagen de la Virgen del Pilar elaborada en plomo de 150 kg de peso. La entronizaron a 18 metros de profundidad entre dos grandes bloques de piedra pesada, cuyas dimensiones en altura eran superiores a la de los propios buceadores. La imagen desapareció. Nunca más se encontró.
No es una leyenda el accidente que tuvo lugar unos años antes, el 20 de diciembre de 1971, cuando un autobús urbano se precipitó al río en ese punto y fue tragado por las heladas aguas. El fotógrafo Luis Mompel pudo dejar retratada para Heraldo de Aragón la imagen del salvamento de las víctimas antes del inevitable hundimiento.
Más de diez años después el vehículo pudo ser rescatado, convirtiéndose, ahora sí según la leyenda, en la excepción que confirma la regla de que todo cuanto cae allí desaparece para siempre.
Miguel Mena apunta en una entrevista en el blog de Antón Castro que tiene la inmensa suerte de cruzar hasta cuatro veces al día el río Ebro y que siempre le produce alguna emoción.
En esos 300 metros del puente hallo sensaciones nuevas y [en la novela “1863 pasos”] cuento muchas historias vinculadas con Los Sitios, con el pozo de San Lázaro y esa famosa foto de Luis Mompel de la gente saliendo del autobús hundido (...) Me emociona mucho el Ebro porque, aunque soy de tierra adentro y el mar me parece un inmenso y complicado desierto azul, tengo una querencia especial por las montañas y los ríos. Miro y puedo ver el Moncayo, que parece colgado del cielo detrás de la Almozara; miro y veo los piragüistas, los remeros, una puesta de sol excepcional. Son estampas que impresionan y a la vez relajan.
Ángel Petisme, escritor y cantante, tiene una canción titulada "El pozo de San Lázaro”, que es en realidad un repaso a los paisajes de su infancia en el Arrabal zaragozano.
Estaría bien que la Expo2008 nos reconciliara a los zaragozanos con nuestro río. Con nuestros ríos: ese Huerva escondido, ese Gállego despistado, ese Canal Imperial olvidado.
Estaría muy bien que, por fin, el Ebro se convirtiera en nuestro eje urbano sin que eso obligue necesariamente a abandonar las leyendas sino, más bien al contrario, continuar alimentándolas.
Mañana todos los medios de comunicación españoles nos darán información sobre el día de Sant Jordi, un libro y una rosa, atendiendo a una de las costumbres más hermosas que se dan en nuestro país.
Sant Jordi es el patrón de Cataluña, y, aunque no es festivo, es el día en el que los enamorados se intercambian una rosa y un libro.
Antes era una rosa para ella y un libro para él. Espero que la tradición se haya adaptado a los tiempos y que todos se regalen rosas y libros, que tan importantes son los unos como las otras.
Como digo, me parece una tradición preciosa.
Sant Jordi es el único santo que en toda España se le nombra en catalán. Pero lo que los medios de comunicación acostumbran a olvidar es que Sant Jordi es San Jorge, patrón, además de Cataluña, de Georgia, Grecia, Inglaterra, Lituania, Polonia, Portugal, Rusia y Serbia. Y Aragón.
Durante los años de la transición, en Aragón -del que mañana sólo se dirá que es el día de la comunidad, y nada más-, el 23 de abril era una fiesta reivindicativa de la propia identidad. Aragón no es una región natural, sino un país históricamente formado por diversas comunidades humanas que llegaron a sentirse como una sola cosa.
En "Aragón, nuestra tierra" (Guara Editorial, 1977) puede leerse que Aragón no es obra de la naturaleza, sino de los aragoneses. De hecho, los reyes de Aragón se titularon durante mucho tiempo "reyes de los Aragoneses". Nunca ha tenido un folklore unificado y durante siglos se han hablado distintas lenguas. Hoy, mientras el catalán de la zona oriental goza de muy buena salud, se sigue luchando por que la fabla no muera.
Aragón es un país muy diverso, tanto en su paisaje como en sus costumbres, en sus fiestas, en sus hablas, en su gastronomía... Sin embargo, creo que Aragón por fin encontró su identidad que lo unifica.
En Aragón sabemos que nuestro 23 de abril nunca abrirá un telediario, como también lo saben los ciudadanos de Castilla y León, que el mismo día celebran la fiesta de su comunidad recordando la sublevación de los comuneros.
Si los medios no nos prestan la suficiente atención nos duele, pero no nos importa.
Porque por fin tenemos una identidad sin complejos, el 23 de abril Aragón ya sólo reivindica la fiesta.
(En las imágenes, espectáculo de La Fura dels Baus el pasado año)
