La Coctelera

Categoría: Por no callar.

Paul Newman.

Miles de líneas y de páginas se van a escribir sobre Paul Newman.

Personalmente, no tengo nada nuevo que aportar.

Simplemente que, cuando era muy joven y vivía en un piso de estudiantes con otras tres compañeras, junto a la puerta teníamos un póster de Paul Newman -exactamente el de la imagen-, y antes de salir hacia la facultad, le dábamos un beso. Todos los días.

Sabíamos que éramos muy jóvenes y muy tontas.

Hoy me gustaría tener ese póster junto a la puerta de mi casa. Y darle un beso.


Una sociedad enferma.

Que vivimos en una sociedad enferma -muy enferma- es algo que podemos comprobar cada vez que se produce un suceso de gran repercusión social. La tragedia de Barajas la pasada semana es una prueba de ello.

El miércoles día 20, a las pocas horas del fatídico accidente, pudimos ver a través de la televisión, tan atónitos como avergonzados, cómo una manada de presuntos periodistas, micrófono en mano, abordaban a los familiares de las víctimas exigiéndoles alguna declaración. Estaban todas las cadenas -todas, también las públicas- en directo, arañando audiencia más allá de la ética, de la dignidad, del pudor o, simplemente, del dolor.

Rostros desencajados por los nervios y por el miedo, pedían en silencio que se les dejara en paz. Pero los buitres nunca cejan.

Una señora de mirada perdida, ante la insistente pregunta del reportero ("¿viajaba algún familiar en el avión?"), decidió pararse y volverse hacia el periodista con esa educación que, incluso en los peores momentos, nunca se pierde porque se lleva en la sangre. Quien la lleva. A pesar de la pregunta tan poco pertinente, el impertinente reportero recibió una respuesta: "Mis niñas... mis dos niñas."

Pero la cosa no acaba ahí.

Hoy leo en la prensa algo que, definitivamente, me indica que esta sociedad nuestra está muy enferma.

El juez encargado de la instrucción del caso requisó 18 teléfonos móviles con fotografías de los restos del MD-82 y escenas del salvamento. El magistrado, irritado, calificó de "bochornosa" la abundancia de móviles que retrataban el desastre. Y no es para menos, porque esos 18 teléfonos sólo podían ser de algunos del medio millar de personas que ese día accedieron a la llamada zona cero, restringida a los periodistas, es decir personal de emergencias y policía.

¿Para qué toma fotografías de la tragedia alguien que, en principio, ha ido a socorrer? No estamos hablando de las imágenes que necesita tomar la policía científica para esclarecer las circunstancias del suceso, sino de personas que tomaron imágenes con su teléfono particular para hacer un uso particular de ellas.

El día después del accidente, el responsable de un semanario recibía la llamada de un joven ofreciendo un paquete de 20 fotografías, 20, tomadas en el lugar del accidente. Tanto las televisiones como los medios escritos han ilustrado sus informaciones con imágenes que ofertan los que las grabaron, y a los que se las han pagado a muy buen precio.

Pero no nos engañemos. Esta gente sin escrúpulos vende el dolor porque alguien se lo compra. Y quienes lo compran lo hacen porque la sociedad -y ahí estamos todos- devora esa clase de información.

En este tipo de historias hay muy pocos inocentes.

La culpa, del pianista.

Este verano se están produciendo sucesos tan sorprendentes como trágicos relacionados con la muerte de menores en playas, piscinas o ríos... o incluso en el interior de vehículos aparcados a pleno sol.

Al estremecerme con la lectura de estas noticias, no puedo evitar acordarme de los miles de monitores de colonias y campamentos que durante estos meses están haciendo felices a muchos niños, favoreciendo su crecimiento en conceptos tan básicos como la autonomía personal, la solidaridad, el compañerismo, el respeto al medio ambiente... U otros aspectos aparentemente menores como "aquí se come de todo", y déjate de tonterías.

Yo no sé qué ratio tiene hoy día cada monitor de campamentos ni cada maestra voluntariosa que lleva una troupe a la Expo, por ejemplo. Pero lo cierto es que, llevando veinte niños, pierden menos que otros que sólo llevan uno.

Resulta doloroso este comentario cuando son niños los que han perdido la vida. Sé que sus padres no levantarán cabeza jamás.

Un niño se ahoga en una playa, en una piscina, en una playa fluvial... Saltan todas las alarmas.

Primero: ¿Dónde estaba el socorrista? Segundo: ¿Cuánto tiempo tardaron los servicios sanitarios, o bomberos, o uvimóviles...? Tercero: ¿Fue correcto el protocolo cuando el niño llegó al hospital? Cuarto: ¿Cómo es posible que un niño muera en una playa, en una piscina o en un río? ¿Puso el ayuntamiento de turno todos los medios para que eso no ocurra? ¿Son las normas, las leyes, o lo que sea, las adecuadas para prevenir los riesgos?

No he oído -quizás por la compasión que generan estos terribles sucesos- la pregunta primordial: ¿Por qué ese menor estaba sólo bañándose en la playa, en la piscina o en el río?

O por qué un niño de tres años sufre intoxicación etílica (ver noticia) al beberse litro y medio de cerveza en un descuido u otro de diez años (ver noticia) es ingresado con coma etílico durante las fiestas de su localidad. La culpa, sin duda, del pianista.

Cazadores de sueños.

Cuando contemplamos a un niño durmiendo, no podemos evitar preguntarnos qué estará pasando por esa cabecita, qué mundos estarán recorriendo sus sueños. Y en el afán de protegerlos, nos gustaría poder hacerlo también en esos territorios oníricos.

Los indios sioux, tan conocidos gracias al cine y a la televisión en las series de nuestra infancia, inventaron los atrapasueños.

Los sioux eran nómadas, se desplazaban siguiendo a los búfalos. Su vivienda, los tipis, circulares, eran unas varas cubiertas con piel de búfalo que se podían armar y desarmar con facilidad. La comunidad india creía que el poder del mundo siempre actúa en círculos.

El círculo era importante porque representaba la armonía con el universo y las leyes de la naturaleza. Celebraban sus asambleas en círculo y danzaban alrededor de la hoguera haciendo círculos.

Eran fieros guerreros que -como bien sabemos por las viejas películas- arrancaban con crueldad la cabellera del enemigo. Pero fueron también los que inventaron los cazadores de sueños o atrapasueños. Sobre su origen hay tres leyendas, que yo sepa. En las tres está presente la araña tejiendo su telaraña... también circular.

La primera la protagoniza una joven doncella india.

Cuenta una vieja leyenda sioux que hace muchas lunas a una joven doncella india se le reveló en un sueño la manera como estaba tejida una tela de araña. Ella aprendió a tejer una red e hizo el primer atrapasueños. A la doncella se le dijo que el atrapasueños cazaría los malos sueños y fortalecería la conexión entre la Madre Tierra y el mundo de los espíritus. Sólo los buenos sueños podrían encontrar su camino a través del pequeño agujero del centro.

La segunda leyenda la cuenta una mujer sioux.

Era que llegó una gran sequía. Era que fue tan grande que nuestras hierbas ya no crecían, que nuestros animales caían, nuestra siembra no se daba, y nuestra gente pasó hambre. Tal privación de agua nos costó dos vidas: la de un anciano y la de un niño.

Decidimos reunirnos junto al Gran Espíritu, y allí esperar que nos fuera dada la sabiduría para aprender de esta situación, y también para buscar la solución.

El acuerdo era que el círculo de mujeres del pueblo mantendríamos encendido el fuego y la pipa, hasta que nos fuera revelado lo que debíamos aprender.

Sosteniendo el círculo y compartiendo el rezo, de pronto apareció la abuela araña, con su sabiduría ancestral, y tomó el lugar que una mujer había dejado recientemente.

Una vez en el círculo, la abuela araña nos empezó a hablar:

"Nuestro pueblo vivía en abundancia. Teníamos comida, abrigo, amor, vivienda , afecto y todo lo necesario. Era tal la abundancia de cada día que perdimos la noción de lo que nos era concedido por la generosidad del sol, la lluvia, la tierra, el fuego, el mundo verde, el mundo de las piedras, el de los animales, y nos olvidamos de agradecer.

Creímos que todo nos pertenecía sin reconocer el perfecto equilibrio que sostenía nuestro bienestar. Así es que la hermana lluvia había sido la encargada de recordarnos la abundancia con que habíamos vivido hasta el momento privándonos de su bendición."

Nos dijo la abuela araña que nos enseñaría a tejer una telaraña donde colocar nuestro propósito, pedir lo que deseáramos en las cuatro direcciones.

Cuando nuestro propósito fuera alcanzado, debíamos ofrecer nuestro atrapasueños al agua, la tierra o el fuego. Así nos dejó su enseñanza y se retiró.

Y así comenzamos a tejer nuestro atrapasueños, y nada más dar las últimas puntadas sobre la tela, comenzaron a caer las primeras gotas. Iniciamos de esta manera la tradición de las tejedoras de atrapasueños, mujeres agradecidas que entregan sus propósitos y vuelven a agradecer.

La tercera leyenda tiene como protagoniasta a un anciano de la tribu:

Cuentan los dakota -nombre que también reciben los sioux- que encima de una montaña un anciano tuvo una visión de Iktomi, la gran sabiduría india que aparece en forma de araña, hablándole en el lenguaje sagrado que sólo los líderes espirituales pueden entender.

Mientras hablaba, iba tejiendo una tela de araña en forma de espiral de fuera hacia dentro de un círculo y le iba relatando el sistema de fuerzas y contrafuerzas buenas y malas que configuraban el mundo y animándolo a escoger las positivas para así dirigirse a cada paso hacia la buena dirección, que no es siempre la misma ni la única.

Cuando terminó la telaraña en un perfecto círculo, le dijo que con ella tenía que guiarse él mismo y guiar a su gente para realizar sus metas, y hacer uso de las ideas, los sueños y las visiones.

También le mostró el agujero que queda en el centro del atrapasueños, por donde se irían todas las malas ideas. Alrededor del círculo, Iktomi iba sujetando ofrendas que representan objetos de poder como plumas, pelos, semillas o piedras, para recordarle que, como diría Alce Negro, todos los seres vivos, tengan pies, alas o raíces, son hijos del padre cielo y la madre tierra.

El anciano transmitió el atrapasueños y sus conocimientos a su pueblo y todavía ahora siguen colgándolos en sus hogares para asimilar los buenos sueños y echar fuera a los malos. Piensan que es el objeto que sostiene su destino.


Si colocas un atrapasueños cerca del lugar donde duermes, las pesadillas quedan enganchadas en la red, ya que sólo los buenos sueños son capaces de encontrar su camino a través del pequeño agujero en el centro.

Pero, sobre todo, recuerda a los indios sioux, que eran tan capaces de cortar cabelleras y cazar búfalos, como de atrapar sueños.

Mujer blanca europea...

¿Quién soy yo? ¿Cuál es mi nombre? ¿Dónde nací? ¿De qué color es mi piel?

Soy mujer, blanca y europea. Yo no he hecho nada, absolutamente nada, por ser mujer, ni por ser blanca y ni por ser europea. Nací así... nací aquí.

Son tres características que yo no elegí y que, sin embargo, me han salvado la vida.

Publica la agencia EFE: "Catorce inmigrantes subsaharianos, entre ellos nueve niños de edades comprendidas entre los doce meses y los cuatro años, han muerto durante su travesía hacia España en patera, según el testimonio de los 34 supervivientes, que soportaron más de cinco días en alta mar." >>

No soy culpable de haber nacido blanca y europea. Seré culpable si todo esto me deja indiferente.

Simone Ortega.

Ha muerto Simone Ortega a los 89 años.

Cuando hace dos años el embajador francés en España le concedió la medalla de la Orden de las Artes y de las Letras de la República francesa, ella lo agradeció con estas palabras: "Habéis hecho feliz a una vieja dama que siempre ha necesitado amistad, amor... y chocolate".

Algunos, en su día, tuvimos que abandonar el hogar paterno (y la cocina materna), y vivir la emancipación a la que nuestro puesto de trabajo nos había obligado. Hicimos de pisos de alquiler de dudosa fiabilidad higiénica nuestro nuevo hogar; clavamos con chinchetas pósters de Paul Newman, y compartimos espacios con desconocidos que al cabo de unos meses se convirtieron en nuestros mejores amigos.

Tuvimos a la fuerza que adentramos en la cocina como si fuera aquel lugar ignoto, lleno de misterios, reino exclusivo de las madres y de los niños. Cuando todavía no éramos madres y ya tampoco éramos niños. Eran tiempos en los que hacer una tortilla de patatas nos parecía algo sumamente complejo.

Y allí estaba el libro "1.080 recetas de cocina", de Simone Ortega, supliendo a la madre, a la abuela o a la tía, explicándonos de manera sencilla y clara, pasito a pasito, todo aquello que necesitábamos para, en aquellos momentos, sobrevivir con dignidad. Entrar en la cocina con el libro de Simone era como ir a la guerra sabiendo que disponías del mejor ejército.

Su libro no tiene maravillosas fotografías, ni aporta información nutricional, ni fiscaliza el precio los productos. Es, sólo, un libro de cocina. Nunca aspiró a nada más que a darnos instrucciones para elaborar todo tipo de platos. En todo lo demás, nos daba absoluta libertad: si lo que quieres preparar engorda o es muy caro, querida, no eres tonta, tú decides.

Tengo todavía el libro de Ortega. No sólo eso, sino que, además, lo consulto con muchísima frecuencia. De hecho, es el único libro que tengo en la cocina. Ha ido y venido. Ha recorrido casi tantos kilómetros como yo misma. No siempre estuvo en mis manos... fue raptado por un extraño y estuvo en su poder hasta que pude recuperarlo.

Ha muerto su autora. Quedan más de mil recetas. También quedan más libros:

"Nuevas recetas de cocina" (1984); "Quesos españoles" (1987), escrito con la ayuda de Manuel Arroyo, donde se describen 115 clases de quesos artesanales y semiartesanales; "El libro de los potajes, las sopas, las cremas y los gazpachos" (1988), realizado con la colaboración de su hija Inés, y "Las mejores recetas de Simone Ortega" (1990), una antología que sirvió de despedida del mundo editorial. Revisó también las recetas antiguas del libro de Manuel Martínez Llopis "La cocina típica de Madrid".

El libro de Simone Ortega lo tengo siempre en mi cocina. Es, sin duda, el más sobado, el más hojeado, el más consultado... el más vivido. Hoy tiene, todavía, más valor.

Álbum.- 2: "Tras los cristales de alegres ventanales".

El 20 de agosto de 2005 se publicó "Tras los cristales de alegres ventanales". En él se recuerdan los primeros pasos de la mujer fumadora, se escucha el tango Fumando espero interpretado por Ignacio Corsini y se contempla la visión que cuatro artistas tienen de la mujer que fuma.


Sigo con interés las andanzas de shikiyanofumo en su tarea de dejar el tabaco. Yo llevaba tiempo queriendo dejar de fumar, y lo conseguí en enero de 2004, más de quince años después del primer cigarrillo. No me he convertido en militante antitabaco. Después de veinte meses, aún hay días que lo echo de menos.
La bailarina Lola Montez fue la primera mujer en ser fotografiada con un cigarrillo en la mano, en una actitud muy provocativa para la época(1851).
Hasta la primera mitad del siglo XX, estaba muy mal visto que las mujeres fumaran. Se consideraba inadecuado, vulgar y hasta inmoral.
Durante la Primera Guerra Mundial, muchas mujeres empezaron a trabajar en ocupaciones tradicionalmente masculinas. Los hombres estaban en el frente. Esta incorporación al mundo laboral trajo consigo un cambio en las costumbres femeninas (comenzaron a llevar pantalones, por ejemplo). Las compañías tabaqueras supieron aprovechar la idea de libertad y emancipación de los felices años 20.
En 1925 Lucky Strike lanzó una campaña con el lema: "Encienda un Lucky y olvidará los dulces que engordan." La campaña tuvo tal éxito que las ventas aumentaron más de un 200%. Más adelante interesaba que la mujer fumara en público, y se utilizaron anuncios publicitarios con estrellas de Hollywood. El significado cultural de una mujer fumando evolucionó desde la imagen inmoral a la imagen de una mujer atractiva, liberada y emancipada.
Esta imagen tardaría medio siglo en llegar a España (como todo), donde, sin embargo, el consumo de tabaco en las mujeres ha aumentando extraordinariamente en los últimos años. De hecho, en el grupo de edad de 14 a 18 años fuma casi el 40% de las mujeres frente al 29% de los varones.
En la actualidad estamos inmersos en una durísima campaña contra el tabaco. No: contra el tabaco, no; sino contra el fumador. Pero yo, que lo dejé hace veinte meses, en las noches de verano me acuerdo del tango...
¿Lo escuchamos...?
Tango "Fumando espero" (02'26"). Música: Juan Viladomat Masanas. Letra: Félix Garzo. Guitarras de Maciel, Pagés y Pesoa. Canta: Ignacio Corsini. Buenos Aires, 17-11-1927.

Distintas formas de ver la misma vida.5
"Tendida en la chaisse longue soñar y amar..."


Mujeres que fuman según Kees Van Dongen, Picasso, Max Beckmann y Botero.

Casi tres años después de publicar este artículo debo reconocer que ya no echo de menos el tabaco y que empieza a molestarme el humo ajeno.

El blog de shikiyanofumo ya no existe, pero hemos seguido sus andanzas por el blogsque de Mmar.

Álbum.- 1: "En un cine de Nueva York".

A lo largo de estos tres años, se han publicado en este blog 185 artículos. No sé si son muchos o pocos, ni creo que sea lo más importante.
De algunos guardo un entrañable recuerdo. Por eso, en este tercer aniversario, quiero recuperarlos.

El 14 de octubre de 2005 se publicó "En un cine de Nueva York", en el que sobre un cuadro de Edward Hopper se proponía el juego de ponerle banda sonora.


Te propongo un juego:

¿Cuál de las siguientes composiciones musicales elegirías para poner banda sonora a este cuadro de Edward Hopper? (Aparecerán en ventanas nuevas):

  • "Recuerda" ("Spellbound"), de Miklos Rozsa, para la película que dirigió Alfred Hitchcock en 1945.
  • "La Cenicienta" ("Cinderella"), de Oliver Wallace, para la película que en 1950 dirigieron W. Jackson & C. Geromini & H. Luske.
  • "Matar a un ruiseñor" ("To Kill a Mockingbird"), de Elmer Bernstein, para la película que dirigió Robert Mulligan en 1962.
  • "Rhapsody in Blue", de George Gershwin, que ha servido de banda sonora para muchas pelícuas ambientadas en Nueva York. "Manhattan", de Woody Allen, por ejemplo.

    ¿Propondrías otra música de fondo? ¿Te sugiere alguna historia que pudieras contarnos?


    El juego generó 12 respuestas que fueron publicadas el 16 de octubre de 2005. Por desgracia, algunos de aquellos enlaces ya están rotos.