La Coctelera

Categoría: Serrat

Es caprichoso el azar.

Es caprichoso el azar... ¿Cómo descubrí La Coctelera? Ni la busqué, ni me vino a buscar.

No hay nada peor que tener un blog y quedarse sin ideas. Me refiero, claro está, en la blogosfera, porque por haber cosas peores las hay a cientos. A miles. A cientos de miles. Pongan el telediario. A millones.

Hace algunos días que no escribo nada. Tengo en mi escritorio (el escritorio físico, el de tablero, cuatro patas y tres cajones) asuntos de trabajo y de ocio que se van acumulando. Tal vez pudiera sacar algo de ahí para escribir en el blog.

¿Puede la pereza ganar tanto terreno en las noches de verano? Evidentemente, sí.

Dejo el ordenador, salgo a la terraza con una cerveza muy fría y me tumbo a mirar las dos estrellas que la contaminación lumínica me permite ver. Añoro de una manera indescriptible, después de tres años y medio, mis Chester de toda la vida vivida, los que tanta compañía me hacían en momentos como éste. En realidad de toda la vida no, porque antes fumaba Ducados. ¿Existen todavía los Ducados?

Y, cuando la familia ronca, y de qué manera, lo único que me consuela es la voz de Noa. Con Serrat.

Recuerdo que esta mañana he leído en el periódico que Achinoam Nini, Noa, actuará hoy (ya día 3) en el festival de los castillos en Valderrobres dentro de su gira "Noa sings jazz".

Leo que en febrero de 1990, Noa ofreció su primer concierto en un festival de jazz de Tel Aviv, junto con el famoso guitarrista israelí Gil Dor. Según las crónicas, el público se levantó ante Noa y Gil después de cada canción. Las críticas fueron rotundas y positivas. Esta fue la primera actuación profesional de Noa.

Desde entonces ha desarrollado una carrera internacional llena de éxitos como cantante y compositora.

Este verano, Noa y Gil Dor están repasando el repertorio de jazz con el que comenzaron su carrera. La gira empezó en Valladolid el día 28. Ayer día dos estuvieron en Jerez de la Frontera, hoy en Valderrobres (en la imagen, su castillo), y luego en Cambrils, Sant Feliu y Benalmádena.

Parece una muy buena propuesta para una calurosa noche de verano.

Total, que empiezo divagando sobre La Coctelera y yo, y termino buscando en YouTube más vídeos de Noa.

Es el calor.

Tu nombre me sabe a hierba, princesa.

Serrat y Sabina comenzaron ayer en el pabellón Príncipe Felipe de Zaragoza, su gira "Dos pájaros de un tiro". En la rueda de prensa del día anterior dijeron que "Zaragoza es un estupendo lugar para empezar una gira" ya que "nunca hemos dejado de pasar por aquí", según Joaquín Sabina.

Y para comenzar en la capital aragonesa ambos tienen "razones de todo tipo, sentimentales y también geográficas", dado que la ciudad es equidistante con Madrid y Barcelona, añadió Serrat.

Dice Sabina que "Dos pájaros de un tiro" comenzó porque Serrat se puso a la faena un día que empezaron a hablar de sus enfermedades. Serrat señaló que "cuando sucede una desgracia los amigos alientan, acompañan y te dicen que ya pasará."
Pues bien, ya ha pasado y ahora hay que mirar al futuro, y con la misma ilusión que cuando tenía cinco años.

Con esta ilusión afrontan sus dos conciertos en Zaragoza, con los que iniciaron ayer su extenso tour por España y Latinoamérica.

No pude ir al estreno de ayer porque las 9.000 entradas del Príncipe Felipe se agotaron en un visto y no visto, pero dentro de muy poquitas horas allí estaré para vibrar en su segundo concierto.

Es caprichoso el azar.

El Pato conoce bien mis gustos y me ha obsequiado con una extraordinaria interpretación del maestro Serrat. A última hora me ha dado la idea de mi regalo de reyes para los amigos en La Coctelera.

Conocer gente maravillosa es puro azar. Y el azar es caprichoso.

Opina Jack el Destripablogs que mi blog puede caer en la cursilería, pero añade que, como dice Mario Benedetti, las cosas importantes suelen ser cursis. Agradezco a Jack su sinceridad y su cariño.

Bueno, pues tal vez mi regalo de reyes sea también algo cursi. Pero sé que para la gente que me importa, es importante. Si el azar nos ha unido con su capricho, no le traicionemos. Intentemos ser felices.

Este es el amor, amor, el amor que me divierte.

El maestro Rafael Escalona afirma que en Colombia poseen la mayor arteria musical de las dos américas, y que esta realidad cultural y folclórica hace que enfoquen, según él, diferentes realidades que encuentran en la música una razón para la misma vida.

Nadie que yo sepa se ha quitado la vida, ni siquiera se ha cortado un dedo oyendo vallenato por borracho que se encuentre. Si hay alguna víctima en parrandas, debe ser causada por otras circunstancias, y no motivada por el mensaje de nuestra música… Esto demuestra que nuestra música es para alegrarnos la vida; es para vivir, no para morir.

El vallenato forma parte de la música folclórica de la región norte de Colombia. Su nombre se deriva de la ciudad donde se dice que es mayor el arraigo de este género: Valledupar.

El vallenato tradicional se interpreta sólo con tres instrumentos: dos de percusión (la caja y la guacharaca), y el acordeón diatónico con el que se da la melodía.

Gabriel García Márquez, en su "Vivir para contarla", recuerda:

Me empeñé en que mi abuelo me comprara un acordeón, pero mi abuela se me atravesó con la mojiganga de siempre de que el acordeón era un instrumento de guatacucos. (Guatacuco: rústico, patán, ordinario).

García Márquez afirma que su obra "Cien años de Soledad" es el vallenato más largo escrito en 350 páginas donde se narran historias, duelos, conquistas, tragedias y hechos cotidianos y fantásticos que superan lo real, en lo que se ha denominado la realidad mágica garcíamarquiana.

Oriundo de Valledupar encontramos uno de los clásicos vallenatos: "El amor, amor". Joan Manuel Serrat imprime su toque personal y característico en esta versión.

Para el Pato.

Este es el amor, amor
el amor que me divierte
cuando estoy en la parranda
no me acuerdo de la muerte.

Este es el amor, amor
el amor bendito sea
el amor tiene la culpa
de que en trabajos me vea.

Pobre del rey Salomón
con sus mil y más mujeres
si yo con una que tengo
me doy contra las paredes.

Ayer me dijiste que hoy
hoy me dices que mañana
y mañana me dirás
que se te quitó la gana.

Cuando yo me esté muriendo
sentáte a mi cabecera
que mirándonos los ojos
puede ser que no me muera.

Distintas formas de ver la misma vida. 30
El amor que me divierte.

"Disparate alegre". Goya. 1816 -1823.

"El baile de la vida". Munch. 1899-1900.

"La alegría de vivir". Matisse. 1905-1906.

"Alegrías". Julio Romero de Torres. 1917.

"La alegría de vivir". Picasso. 1946.

Un mundo raro.

Hay canciones que, de repente, sin saber por qué, aparecen en la memoria y te envuelven de manera casi obsesiva. Me ha pasado con "Un mundo raro", el tema de José Alfredo Jiménez en el que se describe el desencuentro con dolorosa pasión. Esa pasión tan desgarrada, tan cruda, tan mexicana.

Cuando te hablen de amor y de ilusiones
y te ofrezcan un sol y un cielo entero;
si te acuerdas de mí no me menciones
porque vas a sentir amor del bueno.

Y si quieren saber de tu pasado
es preciso decir una mentira,
dí que vienes de allá de un mundo raro,
que no sabes llorar, que no entiendes de amor
y que nunca has amado.

Porque yo a donde voy, hablaré de tu amor
como un sueño dorado
y olvidando el rencor no diré que tu adiós
me volvió desgraciado.

Y si quieren saber de mi pasado,
es preciso decir otra mentira,
les diré que llegué de un mundo raro,
que no sé del dolor, que triunfé en el amor
y que nunca he llorado.

José Alfredo Jiménez.

La han cantado, cada uno en su estilo personal, Luis Miguel, Julio Iglesias, María Jiménez, la añorada Rocío Dúrcal, Lupita D'Alessio, Chavela Vargas... La versión de Joan Manuel Serrat tiene toda la sensibilidad del texto que nadie como el noi sabe transmitir.

Si no se ejecuta el video, prueba en este enlace.

Distintas formas de ver la misma vida. 24
...Que triunfé en el amor, y que nunca he llorado.

1.- "El hombre enfermo de amor". George Grosz. 1916.
2.- "Canción de amor por la luna nueva". Paul Klee. 1939.
3.- "Sing Sorrow". Ben Shahn. 1946.
4.- "Amor desgraciado". Robert Motherwell. 1975.
5.- "Lágrimas negras". Oswaldo Guayasamín. 1996.

Joan Manuel Serrat.

"Un hombre al que le pagan por hacer lo que le gusta más que un mérito lo que tiene es una bendición", dice Joan Manuel Serrat.

Algo bueno está pasando por fin en España: Se empieza a reconocer, a premiar y a homenajear a las personas que tanto aportan a nuestra cultura o a nuestra convivencia antes de que hayan muerto. Por fin pueden disfrutar de ese reconocimiento y emocionarse, y sentir que todo lo que han hecho (y lo que harán) no es poca cosa.

No voy a repetir aquí lo que tan bien expresa Xavi en su blog sobre el maestro Serrat, investido doctor honoris causa por la Universidad Complutense de Madrid, en un acto que se convirtió en un "reconocimiento de la canción popular que desde hace muchos años forma parte de la vida y el sentir de mucha gente".

Tras los honoris causa a Joaquín Rodrigo, Carmelo Bernaola, Luis de Pablos, Teresa Berganza, Tomás Marco, Plácido Domingo y Antón García Abril, la Complutense reconoce ahora "a la otra creación musical, esa que en Latinoamérica se conoce como canción popular urbana".

Serrat dijo algunas cosas que deberíamos anotar en nuestra memoria:

“Soy catalán mestizo con dos lenguas a la vez y no estoy loco”.
"Cantando comparto lo que amo y me enfrento a lo que odio, pero en realidad canto por el placer de cantar, y eso es un privilegio."
"Disfruto mucho de algo tan simple como el cariño y, si para algo vale la pena vivir y hacer canciones, es para querer y ser querido".

Hace unos meses dediqué un artículo a Doña Ángeles, la madre de Joan Manuel Serrat. Esta semana, al ver al "noi del Poble Sec" vestido de doctor honoris causa me he vuelto a acordar de ella.

Doña Ángeles.

Es nuestra historia, la de España: tuvieron que marcharse de su tierra y supieron encontrar en la nueva el abrazo que tanto necesitaron.

Doña Ángeles nació en Belchite, a unos 48 kilómetros al sur de Zaragoza.
Durante la guerra civil española, Belchite fue completamente destruido y se calcula que los muertos en la batalla fueron unos seis mil. Una terrible cifra para una pequeña comarca del secano aragonés.
Su interesante patrimonio histórico, de influencia mudéjar, quedó arrasado en el verano de 1937. Nunca fue reconstruido. Hoy día conviven el pueblo nuevo y el viejo, intentando mantener viva la memoria de lo que nunca debería volver a ocurrir.
De lo que nunca debió haber ocurrido.
Doña Ángeles emigra a Cataluña, como tantas familias aragonesas (andaluzas, murcianas, extremeñas), y trabaja de costurera. Conoció a Josep, lampista. Se enamoró, se casó, vivió en la calle del poeta Manuel Cabanyes, en el denominado Poble Sec, un barrio de Barcelona. Y tuvo hijos.
Al pequeño de los hijos de doña Ángeles le pusieron Juan Manuel, o Joan Manuel, pero le llamaban Juanito. Con diez años, Juanito tenía, en su calle del Poble Sec, un gato peludo, funámbulo y necio, que le esperaba en los alambres del patio a la vuelta del colegio. Tenía un balcón con albahaca, y un cielo azul, y un jardín de adoquines y una historia que quemar temblándole en la piel. Tenía una casa sombría, que doña Ángeles vistió de ternura. Tenía un canario amarillo que sólo trinaba su pena oyendo algún viejo organillo o la radio de galena.
Y en julio, en Aragón, tenía Belchite.
Don Josep, doña Ángeles y sus hijos acudían los veranos al pueblo de Belchite. Y allí los niños jugaban con otros niños, en aquellos veranos sin escuela, con el ombligo al aire, en las acequias, en los establos, en las ruinas del viejo Belchite, robando uva y maíz, chupando caña y regaliz. Los niños reconocieron más tarde que fueron felices.
Una historia demasiado común, en aquella época.
Por circunstancias de la vida, un día le preguntaron a doña Ángeles que de dónde se sentía. Esa pregunta que quienes emigraron se han hecho a sí mismos tantas veces. Doña Ángeles no lo dudó. Lo ha contado su hijo Juanito en alguna ocasión.

"Soy de donde comen mis hijos".

Supongo que llegó un momento en el que doña Ángeles empezó a estar harta de tener que decidir de dónde era. O quizás eso no le preocupó jamás porque siempre lo tuvo muy claro. Probablemente, su calle. Una calle que no valía dos reales, oscura, torcida y con nombre de poeta; aquel rincón donde nunca entraba el sol, con cien portales rotos a trozos y una fuente donde bebían niños, gatos, palomos y perros...
Y a doña Ángeles le preguntaban que de dónde era: "De donde comen mis hijos". Es la historia real de España.
Cada vez que he visto y escuchado a su hijo, a Juanito, he pensado en doña Ángeles. Y, sin haberla conocido, he admirado su fortaleza, su sencillez y su inteligencia. Y el inmenso cariño que supo transmitir a los hijos, a la tierra y al tiempo que le tocó vivir.
Doña Ángeles se casó con don Josep Serrat. Su hijo, Joan Manuel, el de los billares, el del fútbol, el de la calle, el de los veranos en Aragón, el que canta, ha sabido contarnos esas historias.
Xavi me lo ha recordado en un comentario a un artículo anterior. Y le doy las gracias.

Podemos recordar las letras de las canciones "Mi niñez" y "El meu carrer", que han estructurado este artículo, cariñoso homenaje a los que tuvieron que marcharse de su tierra y supieron encontrar en la nueva el abrazo que tanto necesitaron. Hay gente que esto no lo entenderá jamás.