(Los habitantes de Albarracín no volvieron a ver a la infanta, y de esta manera se alimentó la leyenda de que la joven había muerto de tristeza por su destierro y que había sido sepultada en el torreón conocido desde entonces como "Torre de doña Blanca". En las noches veraniegas de plenilunio -dicen- puede verse la figura de la muchacha bañándose en el río.)
Curiosamente, sobre esta leyenda surge otra que, como la anterior, me limito a recoger y resumir.
Casi trescientos años después, a finales del siglo XV, más de cien familias judías tuvieron que abandonar la ciudad en virtud del decreto de expulsión de los judíos. La judería quedó vacía y abandonada.

...Y aquí comienza la segunda leyenda.
Una noche de verano, un joven pastor que contemplaba la ciudad dormida pudo observar cómo aparecía entre estrechas callejas la figura de una mujer que descendía entre las rocas hasta llegar al río. Vio a la joven inclinarse ligeramente, como para contemplar su rostro en las cristalinas aguas del Guadalaviar, iluminado por la luna llena. Después, la muchacha ascendía la empinada cuesta y volvía a adentrarse en las callejuelas del abandonado barrio judío.
A la mañana siguiente, el pastor le contó lo sucedido al joven y apuesto Heredia, hijo menor de su señor de Santa Croche. Conocedor de la leyenda de la Torre de doña Blanca, y movido por un espíritu aventurero, decidió en el siguiente plenilunio apostarse en el mismo lugar y esperar la aparición. Y así lo hizo.

Cuando contemplaba embelesado el fabuloso perfil de la ciudad iluminada por la luna, sonaron las doce en la campana mayor de la catedral. En ese mismo instante vio aparecer la figura de una joven que se dirigía hacia los huertecillos. Sigilosamente se acercó y, oculto tras los árboles, quedó prendido de la belleza de la muchacha que, inclinada sobre el río, llenaba un cántaro de agua.
- ¿Quién eres? -le preguntó.
Ella se sobresaltó y salió huyendo cuesta arriba a la vez que le gritaba:
- ¡Soy la sombra de doña Blanca!
El joven Heredia se quedó estupefacto y sin poder dar un paso. Contrariamente a lo que había imaginado, el cabello de la joven era negro y su piel muy morena.
Meses después, una joven judía fue capturada por la guardia que la descubrió una noche cuando bajaba con un cántaro a por agua. Llevada ante el alcaide, el señor de Santa Croche, la joven contó su historia.
Al decretarse la expulsión de los judíos, ella, huérfana, no quiso abandonar la casa en que nació ni el barrio en que creció. Decidió vivir oculta, tomando alimento de los huertos junto al río, sin más pretensión que morir en el lugar donde siempre había vivido, la ciudad que tanto amaba.
Compadecido de la infortunada muchacha, el alcaide decidió llevarla a su casa para, según sigue la leyenda, darle una educación cristiana y poder ser bautizada. Ni que decir tiene que en ese tiempo se enamoró del hijo menor del alcaide, el joven Heredia, y que una vez bautizada pudieron contraer matrimonio.
Y supongo, porque esto no lo dice la leyenda, que fueron felices.
Muchachas contempladas.




Vemeer, Renoir, Gauguin, Picasso, Munch.

No estoy en otro blog, sino que no me puedo marchar del todo. Vengo a ver maravillas como las que escribes, como las que has escrito hoy. Mereces que te hagan hija predilecta (¿eres de allí?) o adoptiva de Albarracín.
¡Luz, que bello nombre tienes!
Estupendo. Como admiro la dedicación que pones a tus post. Me encantó la leyenda y si supongamos que vivieron felices por siempre.
Una leyenda sospechosamente similar dió fruto a la conocida canción popular oaxaqueña de la llorona.
Fueron felices, y como no, lo más importante, comieron perdices:) A mi lo de la educación cristiana me parece el típico final en el que ganan los "buenos" y pierden los "malos". Aun así, me gusta mucho la leyenda.
Un saludo!
¡Qué buena historia! ¡Qué pueblo más bonito! ¡Esa luz! ¡Esa piedra, esas calles!. ¡Y los cuadros! Por cierto, los dos últimos cuadros no los conocía.
Gracias por tus post..
Sigues fomentando nuestra envidia, ya no solo con tu preciosa forma de redactar, sino con la belleza del lugar donde vives y sus historias.
Supongo, que siempre las pobres perdices, salen mal paradas de los finales felices.. :)
renoir.....indudablemente!
para mi sencibilidad.
me maravilla su pincel!
gracias por tu blog!
otro abrazo y que Dios te bendiga!