La Torre Nueva, la más hermosa.
La Torre Nueva fue la más hermosa entre las más de veinte torres que perfilaron el paisaje de Zaragoza durante muchos siglos. Pero nació torcida, y no supieron perdonárselo.

Se empezó a construir en 1504 tras un acuerdo del concejo. La torre, exenta, debía ser absolutamente armoniosa y bella, pero su función era la de situar un reloj bien visible y una gran campana que pudiera oírse en toda la ciudad para regular la vida de los ciudadanos porque, en aquella época Zaragoza ya no tenía carácter agrícola, es decir, el sol ya no marcaba el ritmo de la vida ciudadana.
Con todo ello se pretendía, además, reflejar el poderío y la grandeza de la capital del Reino de Aragón. Fue terminada en 1540, y los vecinos la llamaron Nueva porque estaba rodeada de otras más antiguas. Moriría con ese nombre.
Decorada al más puro estilo mudéjar, la torre tenía una altura de unos 80 metros y un diámetro de once metros y medio, con una planta de estrella de 16 puntas. En el equipo de construcción estuvieron presentes las tres culturas que convivían en Aragón: Juan de Sariñena, cristiano, Juce de Galí, judío y los musulmanes Ezmel Allabar y maestre Monferriz, todos ellos bajo la dirección de Gabriel Gombao.
Llegó a convertirse en un elemento irreemplazable. Hay testimonios del XVIII que hablan de que los aguadores, albañiles y carpinteros (precursores de los cuerpos de bomberos) eran convocados para acudir a los lugares donde se produjera un incendio mediante toques especiales de la campana de la Torre Nueva. Estos toques diversos identificaban los distintos barrios zaragozanos a donde se debía acudir para sofocar el fuego.
Pero desde el primer momento, la magnífica torre mostró una cierta inclinación, posiblemente a causa de haber fraguado más rápidamente el lado expuesto al sol.
Este hecho nunca puso en peligro su estabilidad, pero la ceguera o la ambición de determinados comerciantes de la zona, y la ignorancia y mediocridad de los ediles de la época, lograron derribarla en 1892, desapareciendo de un plumazo uno de los símbolos más importantes de Aragón. La cruz que coronaba la torre se llevó al vecino templo de San Felipe y la mayor de las campanas está hoy en una de las torres de la basílica del Pilar.
En 1991, la Asociación de Amigos de la Torre Nueva promovió la construcción de un memorial que ocupaba exactamente el mismo lugar que durante siglos ocupó la torre. A pocos metros, la escultura en bronce de un joven sentado en el suelo miraba al cielo, hacia donde se situaría la cúspide de la torre. La plaza de San Felipe se había convertido toda ella en un homenaje a la Torre Nueva.
Pero el muchacho de bronce desapareció, después de haber sufrido más de una mutilación. Y el memorial (estéticamente muy poco afortunado) tampoco tuvo suerte, y fue derribado a los pocos años de su construcción.
En la actualidad, sólo una marca con forma de estrella de dieciséis puntas en el suelo de la plaza de San Felipe, ante el torreón Fortea, recuerda la ubicación de la Torre Nueva.

Flanagan dijo
La mayor belleza se encuentra en la imperfección. Un saludo.
4 Octubre 2005 | 11:39 AM