La Coctelera

M I R A D A S

1 Diciembre 2005

No pudieron persuadir a la multitud irracional.

"Vida de Pedro Saputo", editada en 1844, cuenta de manera amena y jovial el viaje que su protagonista realizó por toda la Península Ibérica. Su autor, Braulio Foz, es uno de esos autores a los que una de sus novelas -magnífica- ha eclipsado toda su obra.
Una de las historias que se narran en "Vida de Pedro Saputo" es sobrecogedora, más todavía si se entiende como una alegoría de lo que ocurrió en España y de lo que, realmente, sigue ocurriendo todavía en el siglo XXI. Se trata del capítulo IX del Libro Tercero: "De donde viene el dicho: La justicia de Almudévar".
Pedro Saputo era querido por todos en aquel pueblo, y, aunque vivía modestamente -o quizás por ello-, era próspero y rico, hasta el punto de que su madre no sólo no servía a otros sino que era por otros servida, respetada y admirada. Pedro Saputo estudiaba, cazaba, salía a pintar a algunos pueblos, y aunque sus ausencias eran cortas, servían para renovar el gusto por la dulcísima vida que llevaba.
Pero ocurrió por aquella época algo que le afligió de tal manera que, no bastando toda su filosofía para no maldecir de su pueblo, decidió marcharse con su madre a vivir a otro. Esto fue lo que ocurrió:

"El herrero un día se enfureció contra su mujer porque le llevó el almuerzo frío; y tomando un hierro que estaba caldeando en la fragua se lo metió por la boca y la garganta, expirando la infeliz en brevísimo rato [...] La pobre mujer pasaba mucho trabajo con él porque sin más causa ni motivo que antojársele darle palos, le daba; [...] ; hacerla dormir en el suelo desnuda y sin ropa en invierno, la hacía dormir o acostarse así por lo menos [...] Otras veces cogía un cuchillo, y haciéndola echar y poniéndole el pie en el cuello jugaba a degollar el carnero o el cochino, o concluía levantando el brazo diciendo: quién como Dios. Otras la ataba los brazos al cuerpo y luego las piernas en uno, y la hacía rodar por el cuarto y tal vez por la escalera. Pero esta burla que quiso hacer con el hierro de la fragua superó a todas, pues dejó a la pobre mujer sin vida en menos de cuatro minutos.
Prendiéronle inmediatamente, y puesto en la cárcel con muchas cadenas al cuello y cepos a los pies, le juzgaron aquel mismo día y le condenaron a muerte, cuya sentencia iban a ejecutar otro día. Ya estaba la horca levantada y todo el pueblo en la plaza aguardando la ejecución, ya le sacaban y llevaban al patíbulo, cuando subiendo uno del pueblo a caballo encima de los hombros de otro dijo:
- ¿Qué is a fer, hijos de Almudévar? ¿Conque enforcaréis a o ferrero que sólo tenemos uno? Y ¿qué faremos después sin ferrero? ¿Quién nos luciará as reilas? ¿Quién ferrará as nuestras mulas? Mirad lo que m'ocurre. En vez de enforcar a o ferrero que nos fará después muita falta, porque ye solo, enforquemos un teisidor que en tenemos siete en o lugar e por uno menos o más no hemos d'ir sin camisa.
- ¡Tiene razón!, ¡tiene razón!, gritaron todos; ¡enforcar un teisidor!, ¡un teisidor!... un teisidor!...

- ¿Qué vais a hacer, hijos de Almudévar? ¿Vais a ahorcar al único herrero que tenemos? Y ¿qué haremos después sin herrero? ¿Quién nos arreglará las rejas? ¿Quién herrará nuestras mulas? Mirad lo que se me ocurre. En vez de ahorcar al herrero que nos hará después mucha falta, porque sólo tenemos uno, ahorquemos a un tejedor, de los que tenemos siete en el lugar y por uno menos o más no vamos a ir sin camisa.
- ¡Tienes razón!, ¡tienes razón!, gritaron todos; ¡ahorcad a un tejedor!, ¡un tejedor!... ¡un tejedor!...

Y sin más que esta voz y grito cogen al primero de ellos que toparon por allí, le llevan a la horca, le suben y le ahorcan, y ponen en libertad al herrero.
Supo esto Pedro Saputo, que no quiso ir a la ejecución ni había salido de casa, y fue corriendo a la plaza a ver de impedir aquella atrocidad e injusticia, pero llegó tarde porque ya estaba despachado el infeliz del tejedor. Llenóse de horror de tan grande barbaridad, y se volvió a su casa mudo de palabras y frío de corazón pareciéndole que el cielo y la tierra se había mudado.
Por la tarde dijo a los principales del pueblo que fueron a verle:
- Cállense al menos, señores, que esto no se sepa, que esto no salga de nuestros muros; porque, ¿qué se ha de decir de nosotros? Si esto llega a saberse, y se sabrá, no dudéis que mientras el mundo sea mundo se citará y recordará con eterno baldón del nombre de Almudévar.
Mas ellos se excusaron diciendo que no pudieron persuadir a la multitud irracional, ni aun hacerse oír en aquel momento. Y se consumó la barbarie más inicua que vieron los siglos.
Pedro Saputo sintió tanto disgusto, que por distraerse tomó la espada y una mula de su padrino y se fue a pasar unos días fuera.

Ya veis: no es nueva la historia. La historia de la brutalidad, de la barbarie y de la incultura. Pero hay algo todavía peor si cabe: el hecho de culpar siempre a los demás. La sociedad tiene la culpa, como si todos y cada uno de nosotros no fuéramos la sociedad. Es mucho más cómodo echar la culpa a una anónima multitud irracional. Más cómodo, más fácil y más irresponsable. Hoy esa multitud irracional es la televisión, los medios, internet... Nadie es individualmente responsable de nada.

Braulio Foz nació en Fórnoles (Comarca del Matarraña, en Teruel) en 1791. Tomó parte activa en la lucha contra la invasión francesa. Durante su cautiverio en Francia completó sus estudios. De vuelta a España fue catedrático de Latín en la Universidad Sertoriana y de Griego en la de Zaragoza. Tuvo que volver a Francia, esta vez exiliado. Regresó nuevamente a España en 1838 y funda el periódico liberal "El Eco de Aragón".
Pedro Saputo, ese muchacho "natural de Almudévar, hijo de mujer, ojos de vista clara y Padre de la agudeza", combina la sabiduría ilustrada con la folclórica, gustándole refranes y anécdotas.
Podría ser una novela picaresca tardía o una precursora novela costumbrista romántica. Se acerca a Cervantes en su tono irónico, la soltura narrativa, el carácter reflexivo, las críticas anticlericales. Pero tiene el tono laico, burgués, socarrón y crítico más propio del siglo XVIII.


Almudévar está situada a 18 kilómetros de Huesca y es lugar de encuentro entre la tierra alta y la tierra baja. La Historia dice que pasaron a cuchillo a todos los habitantes moros que custodiaban esas tierras. Sin embargo, los que ahora la habitan saben que su mayor riqueza es, precisamente, la mezcla de sangres que hoy poseen.
Y permitidme un consejo: no deberíais perderos las trenzas de Almudévar, un dulce hojaldrado de crema pastelera, nueces, almendras fileteadas, pasas maceradas al licor, todo ello recubierto con azúcar glas.
Supongo que engorda, como todo lo bueno. Y a mí qué me importa.

Tags: leyendas

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7 comentarios · Escribe aquí tu comentario

fetuza

fetuza dijo

Tienes toda la razón, asi es la historia de la barbarie y de la brutalidad humana que se repite constantemente y siempre es culpa de los demás. Espero que algún día aprenderemos.
Por cierto terminas con un buen sabor de boca, aunque engorde.
saludos

1 Diciembre 2005 | 10:08 PM

docente

docente dijo

Adelanto a Velle del esperpento ibérico.

1 Diciembre 2005 | 10:12 PM

Javi

Javi dijo

"La sociedad tiene la culpa, como si todos y cada uno de nosotros no fuéramos la sociedad. Es mucho más cómodo echar la culpa a una anónima multitud irracional. Más cómodo, más fácil y más irresponsable. Hoy esa multitud irracional es la televisión, los medios, internet... Nadie es individualmente responsable de nada."

Ole, ole y ole!!!
No podría estar más de-acuerdo.
Debemos recuperar la responsabilidad de nuestros actos si queremos ser los dueños de nuestras vidas. Si señora!

Un abrazo responsable
y uno repuesto.

1 Diciembre 2005 | 11:38 PM

marco

marco dijo

Luz... tu blog es la releche! Enhorabuena por el postazo ;)

2 Diciembre 2005 | 12:55 PM

Gatinha

Gatinha dijo

¡Interesantísimo`¡
¿Que más se puede decir, cuando todo está perfectamente ilustrado,redactado,comentado,etc?
Historia repetida, reiterada, con la esperanza constante de que no sea así, de que cada uno desde su trinchera,vaya diluyendo esas multitudes irracionales, no sólo no participando, sino tomando nuestras propias decisiones, asumiento las consecuencias con toda responsabilidad.
PD:

Y luego ese remate..."Supongo que engorda,como todo lo bueno" y siiiii que nos importa¡¡¡
:)
Saludos

2 Diciembre 2005 | 04:28 PM

Lola

Lola dijo

Un precioso libro, para leer después del Quijote. Divertido, te saca los colores...
Y ese espíritu de Don Juan aragonés...
Has elegido un profundo capítulo. Gracias por las ilustraciones.

5 Enero 2006 | 08:47 PM

Juanfran

Juanfran dijo

El blog me parece apasionante. Saludos y enhorabuena.

27 Enero 2006 | 12:04 AM

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