Érase una vez...

...una niña cuyo padre tenía que estar de viaje seis días a la semana. Esta niña no podía dormirse sin que le contaran un cuento. Y cada noche, su padre la llamaba por teléfono y le explicaba uno. Dicen que los cuentos eran tan buenos que hasta los operarios de la telefónica suspendían todas las llamadas para escucharlos.
Para Gianni Rodari, autor del libro "Cuentos por teléfono", los cuentos son la materia prima para los primeros coloquios entre madre e hijo.
Por desgracia, la costumbre de contar historias a los más pequeños se está perdiendo por culpa de otras urgencias... tal vez no tan urgentes. El poco tiempo de que disponemos los adultos para estar con los hijos lo perdemos viendo programas de televisión para imbéciles mientras enchufamos a los hijos a un videocuento, generalmente de la factoría Disney.
Sin embargo, el niño que oye los cuentos de boca de sus padres o de sus madres participa de una comunicación afectiva con sus seres de referencia, una comunicación que actuará como una semilla que más adelante, sin duda, dará buenos frutos.
Lo importante no es la originalidad de la narración ni la habilidad del narrador. Lo que realmente importa es que el niño siente que sus padres le están dedicando un tiempo especial a él solo; está viendo cómo los adultos nos convertimos en niños y penetramos en su mundo personal, dejando a un lado tanto las órdenes o los consejos como los cuidados materiales para dedicarnos, por un ratito, a acompañarles en sus fantasías.
Sabido es que los relatos potencian la imaginación y la afectividad de los niños. Sólo con la palabra y su misterioso hechizo, el cuento oral ejerce un poderoso y gratificante influjo sobre quien lo escucha, especialmente si se trata de un niño. El cuento es un instrumento que le ayuda a construir sólidas estructuras. Dice Kepa Osoro:
Los cuentos abren al niño un amplio abanico de posibilidades que, en su pequeña experiencia cotidiana, posiblemente no hubiera imaginado nunca por su variedad de temas, situaciones, ambiente y personajes.
A partir del cuento el niño conocerá la bondad de unos, la difícil vida de ciertas personas, los problemas y luchas por la existencia entre los hombres y entre los animales, los diferentes tipos de vida según ambientes y sociedades, y cómo se pueden ver las cosas a través de otros ojos.
Para Bruno Bettelheim, lo que tienen de positivo muchos cuentos es que plantean una serie de situaciones problemáticas que el héroe o protagonista de la historia, con el que el niño tiende a identificarse, acabará solucionando.
No le digamos nunca a un niño "hoy no, que estoy cansado". Quince minutos de nuestro tiempo -lo que en ocasiones dura el corte publicitario del programa para imbéciles- son para el niño, probablemente, el tiempo más maravilloso del día.
Y, si nos paramos a pensar, también para nosotros.
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Érase que se era.
"Las aventuras de Pinocho". Roland Todor.

"Hansel y Gretel". Michael Hague.

"Cenicienta". Maxfield Parrish.

"Blancanieves". Charles Santore.
"La bella durmiente". Ann Macbeth.

"El gato con botas". P. J. Lynch.

Gatinha dijo
Me ha encantado esta serie de post que has publicado respecto a los cuentos, y aunque aun no tengo hijos, si he disfrutado del maravilloso placer de leer para niños.
Gracias por sqguir por aquí y procuraré visitarte en tu nueva residencia.
Me tomo la libertad de agregar un enlace en mi blog
Saludos
11 Diciembre 2006 | 11:38 PM