Las brujas de Nochebuena.
Ahora que estamos en fechas tan entrañables, recuerdo que, según la tradición, las brujas del Pirineo se reunían todas las nochebuenas en el pico del Turbón. Son tierras donde había brujas, que vagaban de un sitio a otro realizando sus aquelarres en lugares como Tella, Cotiella, el Castillo de Boltaña o Burgasé.
Las brujas eran generalmente mujeres de bastante edad, aunque también las había jóvenes e incluso brujos. Cuando iban a morir pasaban sus poderes estrechando las manos a alguna nieta o sobrina.
El animal típico de las brujas era el gato negro. En Laspuña dicen que la bruja aprendiz tenía que clavar siete alfileres a un gato negro, y con el séptimo debía morir. En cambio, en Plan, tenían que arrancarle los ojos a un gato vivo.
Para espantar a las brujas se colgaba en las puertas de entrada una flor llamada Carlina, o se ponían piedras angulosas en las esquinas para evitar que entraran por la chimenea. Todavía podemos encontrar en algunas casas rostros tallados, llamados motilones, que cumplían esa misión de ahuyentar a las brujas.
El Turbón es una montaña mágica, formada por moles solitarias desde las que se puede divisar toda la cordillera. Según parece, los dioses eligieron esta montaña para instalar su fragua, que le confirió la capacidad para crear y repartir truenos, relámpagos y tormentas.

Pues bien, esta montaña fue elegida por las brujas del Alto Aragón para reunirse semanalmente y además, en nochebuena, para celebrar sus aquelarres y bailar en torno al diablo. Estos aquelarres eran el origen de las tormentas y el granizo que castigaban los pueblos de alrededor.
Se cuenta que la familia del señor Tomás acudió en pleno a la misa del gallo, a medianoche, dejando en la casa sola a la abuela, pues ya estaba muy vieja y postrada en cama.
De vuelta a la casa para continuar con fiesta tan señalada, el señor Tomás acudió al corral a por vino y observó que su mejor mula, de nombre Capitana, estaba muerta y con unos arañazos en el cuello. No pudieron continuar con la fiesta, que acabó en ese instante.
Durante el año siguiente pudieron comprar un nuevo mulo, Carbonero, y en la nochebuena, al regresar de la misa del gallo vieron que el mulo estaba desangrándose por el cuello. Todos quedaron estupefactos y la fiesta nuevamente se suspendió.
Al año siguiente, Antonier, el hijo de Tomás, decidió quedarse en la cuadra a vigilar y no asistir a la misa del gallo. Cuenta la historia que, con el calor que había en la cuadra, el joven Antonier acabó durmiéndose, pero despertó a medianoche y notó a los mulos muy nerviosos. Intentó encender un fósforo, pero tras encenderlo algo lo apagó. De nuevo volvió a intentarlo y pudo observar un gato negro en el lomo de una de las mulas. Tomó un garrote y atizó con todas sus fuerzas al gato.
Cuenta la leyenda que al día siguiente la abuela amaneció malherida en una pierna.
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Brujas.
Brujas. Hans Baldung Grien. 1510
Escena de brujas. Goya. 1798
El aquelarre. Wifredo Lam. 1964
Aquelarre. Pedro Guajardo Eguíluz. 1972
Aquelarre. Manuel Viola. 1985
Aquelarre. Porta Missé. 1994

el pato dijo
Gracias por tus historias ilustradas, es todo un privilegio acceder a ellas.
Mis mejores deseos para ti y los tuyos en estos dias en los que suelen conjugarse nostalgias y alegrias.
Un beso
22 Diciembre 2006 | 05:43 PM