Picasso: sus mujeres y las mujeres con sus hijos.
Al ilustrar el artículo anterior recordé la cantidad de obras que Picasso dedicó a las madres con sus hijos. La relación entre madre e hijo es un tema recurrente en la obra de Picasso. En cierta ocasión afirmó: "Pinto igual que otros escriben su biografía. Los cuadros terminados son las páginas de mi diario."
Picasso tenía un carácter imprevisible, unas veces tierno, otras tremendamente cruel. Muchas mujeres quedaron marcadas para siempre o se volvieron locas con el genial artista.
Aceptaron su tiranía, su desprecio, su hostigamiento físico y mental, como señala Paula Izquierdo en su obra "Picasso y las mujeres" (Editorial Belacqva, 2003).
Paula Izquierdo nos muestra cómo y por qué el pintor andaluz ejerció todo su poder y desprecio contra sus trece esposas, novias y amantes. Todas ellas aparecieron en sus cuadros. En un primer momento produjeron un entusiasmo creativo, las pintaba de manera compulsiva, pero luego las destruía en carne y pintura.
Lo comprobamos en estos dos retratos de Dora Maar. El primero es de 1937, el segundo está fechado dos años después.


Picasso se sirvió de las mujeres como amantes y como musas. Algunos expertos opinan que el artista se refleja en la modelo, y que cada una tiene algo del propio artista.
La historia del pintor malagueño es la historia de todas estas mujeres que le acompañaron en distintas etapas de su vida. Desde su madre, sus hermanas, su madre o una anciana tía, que fueron sus primeras modelos, hasta Jacqueline, con quien vivió hasta sus últimos días, pasando por Fernande Olivier, su primera musa, a la que abandonó al conocer a la bailarina Olga Koklova; la joven fotógrafa Dora Maar, a la que dejó al iniciar su relación con Françoise Gilot; la poetisa Geneviève Laporte, la adolescente Marie Thèrése Walter.


Marie Thèrése conoció al artista cuando éste estaba casado con Olga Koklova. Se encontraban en secreto para no tener problemas con la justicia, pues ella era menor de edad. Su relación fue breve, pero tuvieron una hija. Ella le siguió escribiendo durante 30 años. Cuando murió el pintor, Marie Thèrése cayó en una profunda depresión, y se suicidó en el garaje de la casa de Picasso en la Costa Azul.
Al poco tiempo de que Picasso abandonara a Dora Maar, ésta estuvo encerrada en un manicomio y más tarde se hizo profundamente religiosa. Llegó a decir: "Después de Picasso, sólo Dios". Murió medio trastornada y sola en una de las casas que le dejó Picasso.
La joven pintora Françoise Gilot fue la única de sus mujeres que lo dejó. Su libro “Mi Vida Con Picasso” motivó que el pintor no quisiera ver más a sus hijos Claude y Paloma.
Jacqueline Roque, su última mujer, se pegó un tiro después de la muerte de Picasso, porque decía que la vida sin él no tenía sentido.
John Richardson, biógrafo y amigo del artista, y su compañero, el coleccionista Douglas Cooper, llamaron "La ley de Dora" al hecho de que cuando Picasso cambiaba de mujer sufriera una transformación en todas las demás facetas de su vida.
El periodista Antonio D. Olano, que tuvo una relación privilegiada con el artista durante más de veinticinco años, cuenta en su libro “Picasso y sus mujeres” (El Tercer Hombre, 2006) cómo amó, trató o maltrató y sufrió el genio indiscutible del siglo XX.
Opina Olano que casi tanto como la pintura, las mujeres definen y explican la vida de Pablo Ruiz Picasso.
Sin embargo, en su obra el tema madre-hijo aparece una y otra vez, generalmente con una ternura que nos permite entrever un aspecto escondido de sus sentimientos.
Picasso fue un ser contradictorio, en permanente conflicto consigo mismo. Un hombre apasionado y trabajador, en ocasiones tremendamente destructivo, pero a veces tierno, como podemos comprobar en estas imágenes de madres e hijos.
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Jean Pierre Trulove dijo
muy interesante el comentario, pablo picasso un verdadero artista...
25 Febrero 2007 | 08:23 PM