Cuenta Lucía Bosé que Picasso trataba muy bien a sus hijos. Al poco de conocerse, el pintor invitó al matrimonio Dominguín-Bosé y a sus hijos, Miguel y Lucía, a su casa en Cannes.

La casa del artista tenía para los niños un atractivo especial que la hacía mágica. Según cuenta la actriz, cuando Miguel Bosé entró al estudio de Picasso, le dijo: "Pablo, esto es el paraíso" a lo cual éste le contestó "también, a veces, es el infierno".

En alguna ocasión que Lucía Bosé acompañó a América a Luis Miguel Dominguín, los niños se quedaron en la casa del pintor malagueño al cuidado de su esposa Jacqueline.

Con una personalidad arrolladora, Picasso ha pasado a la historia como ejemplo de creatividad y genialidad, de autor tan prolífico como polifacético.

Sus biógrafos parecen coincidir en que fue un creador incomparable, pero también un gran destructor.

Cuatro años después del fallecimiento del artista y cincuenta después de haberlo conocido, Marie Thèrése Walter que contaba 68 años, se ahorca en el garaje de su casa. También se suicidó su última esposa, Jacqueline Roque, pegándose un tiro. Para ninguna de las dos la vida tenía sentido sin el genio, que había muerto a los 92 años. A los pocos días de la muerte del artista, su nieto Pablo intenta suicidarse y muere tres meses más tarde.

David Douglas Duncan, que se había convertido en el fotógrafo de confianza del artista, retrata a un Picasso alejado de la banalidad y del mundo, entregado a su trabajo y a sus amigos.

En su obra "El mundo privado de Pablo Picasso" (Ridge Press, 1958) Duncan nos muestra al amante esposo de Jacqueline Roque, y el padre que juega y dedica tiempo a sus hijos, el hombre bondadoso capaz de vestirse de payaso para divertir a los niños.

Nos cuenta que en la casa de Picasso, los huéspedes podían deambular con entera libertad siempre y cuando obedecieran una regla tan sencilla como estricta: ¡no cambiar nada de lugar!

"Felizmente -recuerda Duncan-, esta ley no se aplicaba ni a los niños ni a los animales. En el mundo de Picasso los niños nacieron para correr por él libremente. Si un pequeño movía algo, hasta las propias telas, él decía solamente: Bueno, bueno, y nada más, aceptando aparentemente todos los cambios de composición ocasionados por una ley más grande que la suya."

Una ley que, sin embargo, apunta Duncan, no fue prerrogativa de su hijo Paul, a quien condujo a una vida atormentada y breve.

Distintas formas de ver la misma vida

41. Picasso: Madres e hijos (II)

"Madre y niño a orillas del mar". 1902
"Madre y niño a orillas del mar". 1902
"Madre y niño a la orilla del mar". 1921
"Madre e hijo (saltimbanquis)". 1905