Jueves Santo.
Para los católicos, la Semana Santa es la culminación de la gran obra de salvación de Dios por medio de su hijo Jesucristo y el inicio de la nueva Alianza entre Dios y la humanidad. Tiempo de búsqueda, reflexión y oración.
Hoy para muchos la Semana Santa es sólo tiempo de disfrute vacacional, y para otros el encuentro con algunas de las manifestaciones más costumbristas de nuestros respectivos pueblos.
En la imagen: "Romper la hora", en Híjar, a medianoche del Jueves Santo. [Ruta del Tambor y del Bombo]
En el libro de Antonio Beltrán "Costumbres Aragonesas" (Everest, 1990) leo algunas cosas curiosas e interesantes que no me resisto a contar. Por ejemplo el hecho de que en el Somontano de Huesca se practicaban muchos ritos agrícolas relacionados con el Jueves Santo, pues se pensaba que tal día nada les podía ser negado.
Después de haber practicado el ayuno y la abstinencia, clavaban en el campo una de las ramas bendecidas el domingo anterior, el de Ramos, para esconjurar las tormentas. Cuando se segaba la cebada o se vendimiaba la uva, al tropezar con la ramita enterrada, hacían corro alrededor, bebían los mozos, rociaban el suelo con el vino de la bota y rezaban un padrenuestro por los muertos de la casa.
Cuenta Beltrán que en Alquézar, la tarde del Jueves Santo era la adecuada para espirillar en las bodegas; se hacía una perforación o espirallo en las cubas y se probaba el vino, acompañándolo de muy poca comida, por lo general crespillos, además de abadejo para estimular la sed. Luego tapaban con cera el agujero.
Los ritos del Viernes Santo en Borja, con el Descendimiento y el Santo Entierro, eran de una gran complejidad. Comenzaba publicándose el pregón, en el que se pedía limosna para enterrar al Señor "porque es pobre y no puede pagar la sepultura y el sepelio". En el cortejo figuraban personajes alegóricos, como la Paz o la Justicia, las cuatro partes del mundo, las doce tribus de Israel, y la tétrica "muerte carraña" que llevaba escrita en un gran cartelón la terrible frase: "A nadie perdono". La Madre de Cristo llevaba los brazos articulados, con lo que podía alzar las manos hasta la cara como si se secara las lágrimas.
Sinceramente, no sé si merece la pena perderse la infinidad de ritos que se mantienen en cada rincón de nuestra geografía, por unos días de playa tumbados al sol. Y, encima, sin sol.
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Selma dijo
Coincido contigo: a mí no me merece la pena perderme estos días de tradiciones y ritos por estar en la playa. De momento, es impensable que me plantee irme de Sevilla durante la Semana Santa. Me gusta demasiado todo el ambiente de estos días. La playa está ahí todo el año y los viajes se pueden hacer en otra época.
Muchas veces he pensado en viajar para ver la Semana Santa de otros lugares de España, pero no me decido porque no me quiero perder la mía... ¡Y no se puede estar en dos sitios a la vez!
Saludos.
5 Abril 2007 | 06:01 PM