Los niños de ahora ya no quieren ser artistas de circo. Quizás porque les llevamos poco al circo. Tal vez porque hay pocos circos.
Los niños ven la televisión, y en la televisión ya no hay trapecistas, domadores, funámbulos ni payasos. Les estamos negando muchas cosas a los niños.
Mañana se cumplen 64 años de la muerte de Frank Brown.
Frank Brown había nacido el 6 de septiembre de 1858 en Brighton, y a los 12 años abandonó su hogar para incorporarse a la vida trashumante del circo. Acróbata, malabarista y músico, era conocido como "el clown chocolatín".
Actuó por primera vez en la isla de Portsea y después de una gira por varios países de Europa se presentó en la Argentina en 1884, en el espectáculo de los hermanos Carlo. Tres años más tarde, el 4 de junio, le tocó inaugurar el teatro San Martín, en la calle Esmeralda de Buenos Aires, con elenco propio. Allí ofreció magníficos espectáculos, como la pantomima acuática y Cendrillón, La Cenicienta, que deleitaron al público infantil de la época.
En las matinées de los jueves y los domingos, los niños gritaban. "A mí, a mí Flon Blon!" , "¡A mí, Frank, a mí, un chocolatín!". Y el clown sacaba golosinas de una cesta y las lanzaba a las tribunas.
Rubén Darío lo elogia en su "Autobiografía":
"No he de dejar en el tintero mis buenas relaciones con un clown inglés que ha divertido a tres generaciones de argentinos. Ya se comprenderá que trato de Frank Brown. Los que le conocen fuera de la pista saben que ese payaso es un gentleman; y que un artista, o un hombre de letras, tiene mucho que conversar con él. Sabe su Shakespeare mejor que muchos hombres que escriben. Es grave y casi melancólico, como todos aquellos que tienen por misión hacer reír. Hay que tener en cuenta que el arte del clown confina, en lo grotesco y en funambulesco, con lo trágico del delirio, con el ensueño y con las vaguedades y explosiones hilarantes de la alienación. Para manejar todo esto, se precisan una fuerte salud física y una vigorosa resistencia moral. Con Frank Brown hemos pasado repetidas horas, agradables y provechosas, y más de una vez ha aparecido su nombre en mis prosas y versos."
Se había casado con la que llegó a ser la estrella de circo más atrayente del mundo, la ecuyére "Rosita de la Plata", Rosalía Robba. La muerte de ésta, deterioró la salud de Frank Brown, que falleció el 9 de abril de 1943, en Buenos Aires.
Una pequeña calle situada en el Bajo de Flores, en la intersección de las avenidas Perito Moreno y Mariano Acosta de la capital argentina, recuerda a Frank Brown.
Muchas veces he escrito en este blog acerca de la fantasía, de la magia y de los niños. Una vez oí a alguien decir que el circo era caro. Y pensé que más cara es la ignorancia. Y la tristeza.
"Una reina del circo". Goya. 1816-1823
"Mademoiselle Lala en el Circo Fernando". Degas. 1879
"Joven con balón" ("Acróbata y joven equilibrista"). Picasso. 1905
"Fiesta de Santa-Creus en Figueras". Dalí. 1921
"Tres acróbatas". Marc Chagall. 1926
"El Circo". María Izquierdo. 1939
"El Circo". Jesús de Perceval. 1969

Bonita historia,los payasos son de lo que más y mejor recuerdo de la infancia,mis padres me llevaban a todos los circos que venian a Almería,son entrañables.Un abrazo
Precioso. He leído más cosas de Brown en internet. Gracias por el apunte.
Todos los años de mi infancia llegaron a mi ciudad... y cada año mi padre me llevó a verlos. Un dia festivo, magico.
Seguí por television la retirada de Pinito del Oro, a la que habia tenido el inmeso privilegio de verla en directo, en una de esas visitas que su circo visito mi ciudad. ¿Puedes imaginar mi sonrisa enorme cuando me entere que el Price vuelve a Madrid?
http://www.esmadrid.com/circoprice/home.do
¿caro? pues hay entradas desde 8 euros... y la mas cara no llega a la tercera parte de una entrada de un partido de futbol...
Hola Luz:
Gracias por tu escrito. Por cierto, has visto alguna actuación del Cirque du Soleil? Al menos hay que disfrutar de su espectáculo alguna vez en la vida.
http://www.cirquedusoleil.com/CirqueDuSoleil/es/default.htm
Besitos mil
Vene
Mmar: Siempre esperábamos impacientes que los payasos aparecieran en la pista. Pero, mientras tanto, sentíamos la emoción con los trapecistas, con los domadores... nos sentíamos presos de la luz, de la música, del color. Estábamos en un mundo completamente opuesto al nuestro. Nunca pudimos volver a sentir la magia tan dentro de nosotros.
Bambu: Conviene recordar a los grandes de la historia, que no fueron emperadores ni soldados, sino gente que supo hacer felices a los demás. Brown fue uno de ellos.
El Pato: Recuerdo haber visto a Pinito del Oro en televisión. Las trapecistas me dejaban hipnotizada, sentía tanta admiración como miedo. Nunca quise ser trapecista, tampoco me gustaban las mujeres contorsionistas. Prefería cabalgar sobre un corcel blanco con una sombrilla de rayas rosas y amarillas. Hoy precisamente he oído un anuncio en la radio sobre la vuelta del Price. Probablemente, una de las mejores noticias del año.
Venecia: Cirque du Soleil es una de esas mágicas maravillas que, de acuerdo contigo, deberíamos disfrutar al menos una vez en la vida. Personalmente espero disfrutarla más veces. Espero algún día adentrarme en ese mundo mágico con mi pequeña Pilar y retener en mi retina su mirada asombrada.
Un beso.
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