Hay personajes que definen una ciudad. Su busto suele colocarse sobre un pedestal en un rincón de sencillas y olvidadas glorietas. No fueron héroes, pero la ciudad no habría sido la misma sin ellos.

Afortunadamente, en todas las ciudades tenemos personas que, tal vez sin pretenderlo expresamente, van tejiendo el presente de la ciudad para dejar un futuro mejor a los ciudadanos que la heredarán. No son grandes personajes de la política o de las finanzas, sino personas que saben conectar con todos y cada uno de los ciudadanos. Para mí, Miguel Mena es uno de ellos.

Miguel Mena (Madrid, 1960) es locutor de Radio Zaragoza (Cadena SER), donde realiza un programa diario, “Aragón", a las 7, y el semanal “La Fonoteca”.

Yo lo conocí -como oyente- en el clásico "Estudio de guardia", ese programa en el que los ciudadanos llaman para denunciar que un parque está sucio, que una farola no ilumina y que los perros defecan sobre las aceras, y qué marranos son sus amos. O que la administración necesita lubricar sus engranajes.

Mena demostró en ese programa, además de una enorme paciencia, un conocimiento absoluto y riguroso de cada rincón de la ciudad, junto a la entrañable Mari Carmen Pino, la dulzura hecha voz. Un programa que, por cierto, hoy lleva con gran maestría Juanjo Hernández.

Miguel Mena demuestra ahora, en su programa "Aragón", ese mismo interés y conocimiento por cada uno de los rincones de esta tierra. Su solidez intelectual no está reñida, de ninguna manera, con su cercanía. Y su voz transmite interés, curiosidad, amabilidad. Transmite cariño y afecto. Transmite.

La radio permite atender otros asuntos, tal vez más importantes. Para mí se hace imprescindible. La radio y Miguel Mena a las siete de la tarde.

En 2005, Miguel Mena fue el ganador del I Premio de novela de Málaga por su libro Días sin tregua (Destino, 2006), que narra la historia de un policía que investiga el secuestro de Quini. Pero ha escrito otras obras: Bendita calamidad, Onda media, Una nube de periodistas, 1.863 pasos...

Mi ciudad le debe mucho a gente como Miguel Mena. Tal vez por eso, porque las ciudades no siempre son tan frías e impersonales, en 2006 Miguel Mena fue nombrado hijo adoptivo de la ciudad de Zaragoza.

Si escribo todo esto es porque, en vísperas de encarnizadas campañas electorales, conviene prestar atención a los personajes que, realmente, van definiendo nuestro presente ciudadano, sin artificios ni demagogias, sino con sentido común y cariño.

Distintas formas de ver la misma vida

51. La ciudad

"Palomas". John Sloan. 1910
"La ciudad". Edward Hopper. 1927
"Afueras de la ciudad del paranoico-crítica: tarde a la orilla de la historia europea". Dalí. 1936.
"City Limits". Philip Guston. 1969
"En mi transistor sólo suena Radio Tánger". Guillermo Pérez Villalta. 1979