Nunca me gustó el teléfono porque nunca me gustó hablar sin ver el rostro de mi interlocutor. Sin embargo, siempre me gustó la radio. ¿Qué tiene que ver una cosa con otra?
Mi primer móvil fue el zapato que puede verse en la foto. Mide 15 cm de largo (18 si contamos la antena) y 5 cm de ancho. Lo conservo con cariño no por ser el primero, sino porque antes fue de Teo.
A su lado, en la foto, he colocado una cassette.
En casa debo de tener cientos de cassettes. Mi coche todavía tiene radio-cassette, que ya no escucho, porque las cintas se enganchan y con el calor se pegan a los rodillos y no hay quien las saque después.
También tengo decenas de discos de vinilo que me gusta escuchar cuando estoy sola. Los discos tienen una magia que nunca lograron las cintas de cassette. Me gusta escuchar el sonido ranqueante de la aguja sobre los surcos. No se puede sentir un viejo tango, por ejemplo, si no va acompañado del sonido del disco que gira bajo el peso de la aguja.
Por cierto, la cinta cassette apareció en el mercado el día 1 de mayo de 1966. El martes cumplirá 41 años... los que yo haré en septiembre. Sobre el origen y el declive del cassette no diré nada que no esté ya en Wikipedia.
Durante los años de adolescencia, las cintas de cassette me sirvieron para fabular. Mis amigas y yo, pero sobre todo yo, creábamos auténticos programas de radio con nuestras canciones favoritas, entrevistas y bobadas propias de la edad. Me gustaba escuchar mi voz, tal vez porque, al no reconocerla, siempre la noté ajena. Muchas tardes me quedaba escuchando aquellas grabaciones, y echaba en falta un segundo radio-cassette que me permitiera "editar" nuestros trabajos. No conservo ninguna de aquellas cintas.
La Coctelera nos propone como tema de la semana nuestro cacharro preferido. Me quedo con la denostada cinta de cassette que tan buenos momentos me hizo pasar emulando a Conchita Carrillo o a Mari Carmen Pino, las voces de mi infancia y mi juventud, las voces de Radio Zaragoza, que son las voces de mi vida: Paco Ortiz, José Juan Chicón, Lisardo de Felipe...

Guauuuuu...Aún tengo tropecientas cintas, aunque la más vieja tendrá 25 años. Mis padres sí poseen alguna reliquia. En vinilo tengo poco, ya que en aquella época eran mis primos los únicos que tenían tocadiscos.
Me gustó la cafetera y el cazo esmaltado.
Un fuerte abrazo.
Pd: por cierto, un amigo expone sus cuadros en Zaragoza a partir del miércoles. Se titula "PARA GUSTOS COLORES", del 1 al 31 de mayo, Calle El Coso 35 Puerta Cinegia. Zaragoza. Te sorprenderá. He visto sus obras porque le retoqué las fotos que presenta al catálogo, los posters y las tarjetas de visita.
Yo soy muy "cacharrera", es decir siempre llevo encima varios artilugios, PDA, movil, pendrive, portatil, pero sobre hay algo de lo que no puedo prescindir, una radio que tenga AM, asi de antigua soy.
A los dos cacharros que mas cariño les he tendio ha sido a una vieja radio de lamparas, un telefunken, al que en casa le llamabamos "panchito" y a mi primer tocadiscos, que compró mi madre con lo que ahorró de mi sueldo, el primer verano que trabajé.
Tienes razón hay musica que debe escucharse en vinilo. Gana en color
Pues a mí la verdad es que tanta tecnología me está dejando un poco escéptico. Es cierto que permite que los móviles sean más pequeños y por ello prácticos, pero también han hecho casi desaparecer del mercado los discos y las cintas, que personalmente prefiero al CD. Aunque bien es cierto que duran menos. Con respecto a los discos de vinilo, ¡estoy totalmente de acuerdo contigo! tienen algo que no puede dejar indiferente a la gente que realmente le gusta la música íntima. Y es que la música también nota los cambio tecnológicos.
Un abrazo.
No me lo van a creer pero, hoy en dia tengo un iphone de la ultima generacion, pero my primer celular fue uno identico al de la primera foto, que feo que era por Dios.
Tambien fui de la epoca de la musica del cassettes.