El reencuentro con las ilusiones más íntimas.
Dice la escritora de cuentos infantiles Yolanda Arrieta que la importancia que tiene el cuento en la educación infantil, la manera de contarlo, de leerlo, de expresarlo... es una de las tareas más enriquecedoras a la hora de educar.
No se trata de llegar a casa después de un día agotador y ponerse a leer el cuento que nos reclama nuestro hijo, sino de compartir con él un apasionante mundo de fantasía e imaginación. El libro en sí no es lo más importante, sino que es solamente un pretexto para estar unos minutos con el niño y para que él entre desde edad temprana en contacto con la lectura.
Según Antonio Rodríguez Almoldóvar, Premio Nacional de Literatura infantil y juvenil en 1984, un niño que ha tenido cuentos tiene más posibilidades de ser feliz que uno que no los ha tenido.
Algunos padres cada vez cuentan menos cuentos o lo hacen con rapidez y desgana, o simplemente no saben contarlos. Es un arte que todo padre debe aprender por el bien de su hijo.
A mí me indigna escuchar a algunas madres que se quejan de la cantidad de tiempo que sus hijos les reclaman, y protestan airadas de las prolongadas vacaciones escolares que se avecinan. Mandan al hijo a la cama para poder ver un programa de televisión que con toda seguridad no le aporta nada a su vida personal, y no digamos a la vida familiar.
Se pierden uno de los momentos más hermosos del día: Leer un cuento.
Prefiero leer un cuento que contarlo. Leerlo con gestos, con entonación, intentando transmitir las emociones. Y, modestamente, creo que lo logro.
No es la primera vez que trato el tema en este blog.
Para mí las ilustraciones de un cuento son fundamentales, en ocasiones auténticas joyas.
Hace meses hablé de Edmund Dulac. En el próximo post comenzaré una serie de artículos sobre ilustradores contemporáneos, gente cercana a nosotros que iluminan los cuentos que leemos a nuestros hijos y que la mayor parte de las veces son injustamente desconocidos.
Veremos cómo sus dibujos y pinturas son indudables obras de arte. Estoy convencida de que merece la pena gastarse unos euros más y adquirir un buen libro con unas bellísimas ilustraciones.
Incluso si no tenemos hijos, o éstos son ya muy creciditos para cuentos, tener en las manos y acariciar esas imágenes nos permitirá echar a volar la imaginación y despegar los pies del suelo, y olvidarnos de tanta irascibilidad, crispación, superficialidad e imbecilidad colectiva, para encontrarnos con nosotros mismos y con nuestras ilusiones más íntimas.

el pato dijo
Necesario ejercicio el que propones. Me apunto
26 Mayo 2007 | 09:47 AM