Las vacaciones fuera de casa habrá que aplazarlas otro año más. Afortunadamente, el trabajo permanece en una especie de stand-by, me gusta estar en mi casa y el verano viene resultando fresquito.

Sin embargo, tal vez por este descontrol horario que llevo entre siestas y trasnoches y levantarme a las tantas, conciliar el sueño se me hace complicado.

Uno de los mayores placeres en las noches de verano es tumbarse frente al televisor y meterle al DVD una de esas películas que nunca te cansas de ver.

Esta semana la he emprendido con Humphrey Bogart, gracias a una pequeña colección que me regalaron en reyes: Casablanca, El Sueño Eterno, Cayo Largo, El Halcón Maltés, Tener y no Tener, El Tesoro de Sierra Madre.

Acabo de terminar de ver Casablanca. ¿Cuántas veces puede verse a Bogart y a Ingrid Bergman sin que aparezca la más mínima noción de fatiga? ¿Cuántas veces habré visto Casablanca en mi vida?. No lo sé. De lo que sí estoy segura es de que, en las noches de verano, Bogart fuma como nadie.

Quizás este fin de semana vuelva otra vez a escuchar: "Toca la canción, Sam. Toca El Tiempo Pasará".