La rosa del azafrán.
Cuando, ansiosos por llegar a nuestro destino, tomamos la carretera y vamos pasando de largo por esos pequeños pueblos que parecen adormecidos, deberíamos pensar que en muchos de ellos sigue latiendo un corazón fuerte y vivo, que quiere seguir viviendo y que está haciendo todo lo posible por lograrlo.
Monreal del Campo se encuentra en la provincia de Teruel, junto a la autovía mudéjar (salida 165) que une Sagunto y Somport. Esta localidad, de unos tres mil habitantes, se considera la capital de una amplia zona azafranera en pleno valle del río Jiloca.
El etnólogo don Julio Alvar concibió hace algunos años la idea de un museo que sirviera para la conservación y exposición de los útiles que se han empleado tradicionalmente para el cultivo y la cosecha de esta especia.
Los vecinos donaron sus objetos de propiedad particular hasta conformar un conjunto de más de 150 piezas con las que se llevaba a cabo todo el trabajo relativo al azafrán, desde la preparación de las tierras para la plantación hasta la comercialización de la especia, pasando por la cosecha, el desbrizne, el tueste y el pesado.
El museo, ubicado en la segunda planta de la Casa de Cultura o Casa de los Beltranes, en la misma Plaza Mayor, fue inaugurado en 1983. Un edificio que en tiempos fue colegio y que en su día fue reformado para albergar este museo, la biblioteca y diferentes salas de exposiciones y actividades.
Cinco galanes la cogen, se la llevan a su casa.
La ponen sobre una mesa, entre diez la despedazan.
La queman a fuego lento y la dama ya descansa.
Se la llevan a las Indias para el remedio de España.
El azafrán es una planta de flor entre lila y morada, con estigma de color rojo anaranjado dividido en hebras acres que se usan para condimentar manjares, teñir tejidos o pintar, y en medicina como estimulante y también para provocar la regla.
Entre mayo y junio se plantan los bulbos, que darán rosas a partir de la segunda quincena de octubre y los primeros días de noviembre.
La rosa del azafrán es una flor efímera que debe cogerse inmediatamente al salir, en las primeras horas de la mañana, cuando los campos aún están cubiertos de escarcha e incluso de nieve.
“La rosa del azafrán es una flor arrogante, que nace al salir el sol y muere al caer la tarde”, se dice en la zarzuela La rosa del azafrán.
Alrededor de una mesa se separan los estigmas de la flor (esbrinado), dejando a un lado la farfolla (los pétalos) y al otro el preciado azafrán en verde. Las hebras se esparcen sobre un tupido cedazo para que se vayan deshidratando a fuego lento sobre un brasero o una estufa, resultando el producto que encontramos en el comercio. El esbrinado puede alargarse hasta bien entrada la noche, pues hay que tostar toda la florada en el día. Para obtener un kilo de azafrán desecado hacen falta de 130.000 a 150.000 rosas.
La presencia del azafrán en la vida del ser humano se remonta a la época de los egipcios. Griegos y romanos también apreciaban sus virtudes. En la mitología griega, el dios Ermes consejero de los enamorados, utilizaba el azafrán como afrodisíaco para despertar el deseo y la energía sexual. También lo utilizaban para conciliar el sueño o atenuar los efectos del vino. El rey Salomón lo menciona en su Cantar de los Cantares. Los árabes, en el siglo VIII, introdujeron su cultivo en la península ibérica. Su precio siempre fue superior a su peso en oro.
Hoy se produce en Asia, Oriente Medio, Grecia, Italia, norte de África y en las áridas tierras del Jiloca y la sierra de Muniesa, dos lugares de Aragón de donde sale el 50% de la producción nacional.
La existencia en los pequeños pueblos de nuestras comunidades de museos que intentan recuperar la memoria y conservar las tradiciones es, sin duda, encomiable. En Campo (Huesca) existe desde 1998 un Museo de Juegos Tradicionales. En La Muela, hay un museo del aceite y otro del viento; en Brea, uno del calzado; en Malón, un museo del agua; en Guadalaviar, uno dedicado a la trashumancia...
Supongo que algo parecido ocurre en cualquier comunidad.
