Todos tenemos nuestros pequeños vicios. Son pecados menores. Esos comportamientos que forman parte de nuestra vida cotidiana, que se han convertido en imprescindibles. Probablemente es el placer que nos proporcionan, y no la dependencia, lo que los hace pecaminosos. Sin ellos, a nuestra vida le falta algo.

Son esos pequeños vicios que no perjudican a nadie, ni aun a la propia salud, tal vez a nuestro colesterol o a la hipertensión. Suelen ser consecuencia de nuestra sociedad de consumo y del buen nivel de bienestar que, a pesar de hipotecas y crisis coyunturales, nos envuelve.

En el post anterior escribía sobre mi admiración por la cerveza.

Tengo sedentarios compañeros de trabajo que a eso del mediodía toman bebidas isotónicas y barritas energéticas.

Unas barritas que, cuando las he probado alguna vez, me saben a yeso... Y eso que nunca he probado el yeso.

Yo prefiero tomar a media mañana -no todos los días, por desgracia- un pincho de tortilla de patatas con una caña de cerveza. Esa pausa en la actividad laboral -tal vez veinte minutos- recarga no sólo las pilas que dan fuerza para continuar con la labor sino que, además, recarga mi ánimo. Las barritas energéticas de yeso son tristes. El pincho de tortilla es, con su cervecita, explosión de vitalidad. La alegría de la vida.

Pero lo que de verdad supone para mí el mayor de los pequeños pecados es la anchoa en salmuera con una buena cerveza bien fría. No es fácil encontrar las dos a la vez. Una buena anchoa del Cantábrico en salmuera, lavada tal cual, sabrosa y carnosa, sin una sola espina, no es tan fácil de hallar en una ciudad del interior a un precio razonable.

Peor es no poder encontrar un lugar donde sepan tirar una cerveza en condiciones. Algún día me rebelaré contra esa imbécil costumbre zaragozana de servir la cerveza en vaso de tubo (un tercio de capacidad), aquel viejo vaso de wisqui, estrecho, alargado y estúpido, en lugar de la copa que sabe mantener a raya la espuma necesaria.

Mi pequeño pecado es, por tanto, tomar una cerveza de barril, bien fría, en copa, acompañada por una anchoa del Cantábrico en salmuera.

Os propongo hacer una lista con nuestros pequeños pecados.

¿Cuál es tu pequeño pecado?