Cazadores de sueños.
Cuando contemplamos a un niño durmiendo, no podemos evitar preguntarnos qué estará pasando por esa cabecita, qué mundos estarán recorriendo sus sueños. Y en el afán de protegerlos, nos gustaría poder hacerlo también en esos territorios oníricos.
Los indios sioux, tan conocidos gracias al cine y a la televisión en las series de nuestra infancia, inventaron los atrapasueños.
Los sioux eran nómadas, se desplazaban siguiendo a los búfalos. Su vivienda, los tipis, circulares, eran unas varas cubiertas con piel de búfalo que se podían armar y desarmar con facilidad. La comunidad india creía que el poder del mundo siempre actúa en círculos.
El círculo era importante porque representaba la armonía con el universo y las leyes de la naturaleza. Celebraban sus asambleas en círculo y danzaban alrededor de la hoguera haciendo círculos.
Eran fieros guerreros que -como bien sabemos por las viejas películas- arrancaban con crueldad la cabellera del enemigo. Pero fueron también los que inventaron los cazadores de sueños o atrapasueños. Sobre su origen hay tres leyendas, que yo sepa. En las tres está presente la araña tejiendo su telaraña... también circular.
La primera la protagoniza una joven doncella india.

Cuenta una vieja leyenda sioux que hace muchas lunas a una joven doncella india se le reveló en un sueño la manera como estaba tejida una tela de araña. Ella aprendió a tejer una red e hizo el primer atrapasueños. A la doncella se le dijo que el atrapasueños cazaría los malos sueños y fortalecería la conexión entre la Madre Tierra y el mundo de los espíritus. Sólo los buenos sueños podrían encontrar su camino a través del pequeño agujero del centro.
La segunda leyenda la cuenta una mujer sioux.
Era que llegó una gran sequía. Era que fue tan grande que nuestras hierbas ya no crecían, que nuestros animales caían, nuestra siembra no se daba, y nuestra gente pasó hambre. Tal privación de agua nos costó dos vidas: la de un anciano y la de un niño.
Decidimos reunirnos junto al Gran Espíritu, y allí esperar que nos fuera dada la sabiduría para aprender de esta situación, y también para buscar la solución.
El acuerdo era que el círculo de mujeres del pueblo mantendríamos encendido el fuego y la pipa, hasta que nos fuera revelado lo que debíamos aprender.
Sosteniendo el círculo y compartiendo el rezo, de pronto apareció la abuela araña, con su sabiduría ancestral, y tomó el lugar que una mujer había dejado recientemente.
Una vez en el círculo, la abuela araña nos empezó a hablar:
"Nuestro pueblo vivía en abundancia. Teníamos comida, abrigo, amor, vivienda , afecto y todo lo necesario. Era tal la abundancia de cada día que perdimos la noción de lo que nos era concedido por la generosidad del sol, la lluvia, la tierra, el fuego, el mundo verde, el mundo de las piedras, el de los animales, y nos olvidamos de agradecer.
Creímos que todo nos pertenecía sin reconocer el perfecto equilibrio que sostenía nuestro bienestar. Así es que la hermana lluvia había sido la encargada de recordarnos la abundancia con que habíamos vivido hasta el momento privándonos de su bendición."
Nos dijo la abuela araña que nos enseñaría a tejer una telaraña donde colocar nuestro propósito, pedir lo que deseáramos en las cuatro direcciones.
Cuando nuestro propósito fuera alcanzado, debíamos ofrecer nuestro atrapasueños al agua, la tierra o el fuego. Así nos dejó su enseñanza y se retiró.
Y así comenzamos a tejer nuestro atrapasueños, y nada más dar las últimas puntadas sobre la tela, comenzaron a caer las primeras gotas. Iniciamos de esta manera la tradición de las tejedoras de atrapasueños, mujeres agradecidas que entregan sus propósitos y vuelven a agradecer.
La tercera leyenda tiene como protagoniasta a un anciano de la tribu:
Cuentan los dakota -nombre que también reciben los sioux- que encima de una montaña un anciano tuvo una visión de Iktomi, la gran sabiduría india que aparece en forma de araña, hablándole en el lenguaje sagrado que sólo los líderes espirituales pueden entender.
Mientras hablaba, iba tejiendo una tela de araña en forma de espiral de fuera hacia dentro de un círculo y le iba relatando el sistema de fuerzas y contrafuerzas buenas y malas que configuraban el mundo y animándolo a escoger las positivas para así dirigirse a cada paso hacia la buena dirección, que no es siempre la misma ni la única.
Cuando terminó la telaraña en un perfecto círculo, le dijo que con ella tenía que guiarse él mismo y guiar a su gente para realizar sus metas, y hacer uso de las ideas, los sueños y las visiones.
También le mostró el agujero que queda en el centro del atrapasueños, por donde se irían todas las malas ideas. Alrededor del círculo, Iktomi iba sujetando ofrendas que representan objetos de poder como plumas, pelos, semillas o piedras, para recordarle que, como diría Alce Negro, todos los seres vivos, tengan pies, alas o raíces, son hijos del padre cielo y la madre tierra.
El anciano transmitió el atrapasueños y sus conocimientos a su pueblo y todavía ahora siguen colgándolos en sus hogares para asimilar los buenos sueños y echar fuera a los malos. Piensan que es el objeto que sostiene su destino.
Si colocas un atrapasueños cerca del lugar donde duermes, las pesadillas quedan enganchadas en la red, ya que sólo los buenos sueños son capaces de encontrar su camino a través del pequeño agujero en el centro.
Pero, sobre todo, recuerda a los indios sioux, que eran tan capaces de cortar cabelleras y cazar búfalos, como de atrapar sueños.






Victor dijo
INTERESANTE... UN SALUDO
14 Julio 2008 | 03:19